En 1929 ocurrió un deleznable hecho en el ámbito futbolístico sevillano que consistió en lo siguiente: Un presidente del Sevilla FC, que casi una década antes había sido vicepresidente bético y era socio del club verdiblanco agredió de palabra y obra a un empleado del campo del Real Patronato. Denunciado el hecho por el trabajador a la directiva verdiblanca, que por aquel tiempo presidía Ignacio Sánchez Mejías, el incidente fue estudiado en una junta ordinaria. Pero como resultó que el agresor se trataba del presidente del club rival y la pena por el acto cometido era la expulsión del cuerpo de abonados del club, con lo que el escándalo estaba asegurado de antemano, la directiva bética pidió a su empleado que retirase la denuncia con lo que se evitaría el escándalo que causaría la noticia.
Como es natural, el modesto empleado no tuvo más remedio que atender la petición de su directiva y se quedó sin recibir la satisfacción de que se hiciera justicia. La época en la que se desarrollaron los hechos, la de la Dictadura del general Primo de Rivera, fue la que evitó que se ejercitaran contra el irascible presidente sevillista las medidas contempladas en los estatutos del club bético. Nos apena y avergüenza que la vil acción del referido individuo quedara impune y el humilde empleado, para conservar su puesto, se tuviera que aguantar con la humillación que le había inferido un personaje que manchó sus apellidos con su modo fascista de actuar:
¿QUÉ PRESIDENTE SEVILLISTA FUE EL CITADO AGRESOR?
SÉPALO CONSULTANDO EL NUEVO LIBRO DE MANUEL CARMONA RODRÍGUEZ “TODOS LOS PRESIDENTES DEL REAL BETIS BALOMPIÉ”
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