No hace mucho, unos amigos muy amantes de la historia bética me consultaron sobre un tema que habían leído en internet, escrito por un señor que atiende al nombre de Rafael Medina y al apodo de “Beticista”. El asunto en cuestión se refería a un escudo bético aparecido en el período republicano poco antes de que la directiva verdiblanca adoptara como oficial el escudo original de don Enrique Añino Ilzarbe-Andueza. Enseguida supe de qué asunto se trataba, pues dicha información la poseía desde hace unos cuatro años, por lo que tenía el tema analizado por completo. La consulta de mis amigos se basaba fundamentalmente en si dicho escudo fue elegido como emblema oficial del club en algún momento por la directiva bética que presidía el zaragozano Juan Ignacio Mantecón. No tuve que pensar mucho para responderles con una negativa rotunda y sin cortapisas. Para el lector que no esté familiarizado con el tema que estamos tratando, es menester aclararle que el 27 de septiembre de 1931, el periódico “ABC” publicó que la junta directiva bética iba a iniciar las gestiones para conceder rango oficial al escudo que aparecía reproducido en dicha página.
Comenzaremos señalando que la información facilitada por el diario “ABC”, el 27 de septiembre de 1931, está redactada en forma de noticia y no de nota informativa o de comunicado. El texto en cuestión dice como sigue: El cambio de régimen ha afectado a las denominaciones de algunos clubs de fútbol, entre los que se cuenta el Betis Balompié. Al suprimir de su titular una palabra había de suprimir de su escudo un atributo, razón por lo que la directiva ha mandado componer una nueva insignia, cuyo fascímil reproducimos. Naturalmente, las partes negras en la reproducción son verdes en el original. La información se refiere a un proyecto de la directiva que, como comprobaremos, no llegó a consumarse. ¿Por qué el mismo periódico no publicó que el proyecto se había desechado y sustituido por otro distinto? Muy sencillo, por la misma causa que, por ejemplo, tampoco facilitó la noticia de la aprobación del escudo definitivo.

Noticia publicada por el periódico "ABC", el 27 de septiembre de 1931
Una prueba irrefutable y contundente
Para mantener lo que aseguramos sobre la no oficialidad del referido escudo podemos utilizar la siguiente caricatura del equipo bético (original del dibujante Escacena) que publicó el semanario "¡OIGA!" en la década de los años cincuenta con la información que apareció en la prensa sevillana de la temporada 1931-32. De forma tan simple se demuestra que los escudos que representaron al club oficialmente en aquella época fueron el circular sin corona que descabezó la República en abril de 1931 y a continuación el original de Enrique Añino. Como puede apreciarse en la referida caricatura el escudo que figura entre las piernas del meta Jesús fue con el que el club finalizó la temporada 1930-31 y con el que comenzó la 31-32. De esta guisa, no cabe duda de que dicho escudo (el circular sin corona) fue el que antecedió sobre la mitad de dicha temporada al original de Enrique Añino. Por consiguiente, resulta no difícil sino absolutamente imposible que entre ambos emblemas hubiese existido otro distinto. Ante la rotundidad de la imagen presentada, supondría una falsedad histórica conceder oficialidad alguna al escudo publicado por "ABC" a últimos de septiembre de 1931. Por supuesto, dicha noticia puede difundirse con carácter curioso o anecdótico, pero nunca considerarla como oficial, pues con ello se colaboraría a difundir a un indiscutible error histórico.

Caricatura que demuestra sin ningún género de dudas que el Betis Balompié comenzó la temporada 1931-32
con el escudo que finalizó la campaña anterior (el colocado entre los pies del meta Jesús) al que sustituyó el
original de Enrique Añino. Siendo así, fue imposible que entre ambos hubiese figurado cualquier otro escudo
Tras lo expuesto, por estar íntimamente relacionado con el tema que nos ocupa, hemos querido ilustrar el presente espacio con una fotografía tan reveladora e interesante como la que figura debajo de estas líneas. Se trata de una foto tomada en uno de los palcos del Teatro del Duque, el lunes, 7 de abril de 1932, que ocuparon los jugadores del Betis Balompié que fueron homenajeados por su sonado ascenso a Primera División. El palco, como demuestra la fotografía, se hallaba engalanado con una de las banderas estrenadas en aquella temporada y, para sorpresa de muchos, entre los que se encontrará el propio “Beticista”, puede observarse que el escudo del Betis que figura en la misma ─¡ojo!, el estrenado en aquella temporada─ termina con una barra de color blanco, lo que demuestra que comenzaba de la misma forma y no con las verde como hasta ahora ha venido afirmando el hijo de su autor y, entre otros, el mismo “Beticista”. Sirva, pues, esta prueba gráfica para dejar zanjada de una vez por todas, una polémica que se ha perpetuado excesivamente con el paso de los años sin que tuviera ninguna razón de ser. ¡Ah!, que conste, la foto en cuestión nos la ha facilitado nuestro gran amigo Francisco Javier Maldonado Reyes, presidente del Círculo Bético y Realista Andrés Aranda, ya que la que conservamos en nuestro archivo se encuentra en un estado tan lamentable que apenas si se distingue la parte del escudo a la que hacemos mención. Da gusto tener amigos de esa clase, más aún cuando ponen a nuestra disposición cualquier objeto histórico de los muchos que contiene la más importante colección de recuerdos béticos que existe en la actualidad, de la que Francisco Javier es propietario. Por cierto, antes de terminar las presentes líneas no quiero quedarme con las ganas de formular la siguiente pregunta: ¿Tienen algo que ver los colores blanco y verde con la masonería? Lo digo con la boca pequeña y rogando a Dios que la respuesta sea negativa, ya que de lo contrario podría darme un síncope.

La plantilla bética en uno de los palcos del Teatro del Duque, donde fue homenajeada por
su sonado ascenso a Primera División. Nótese de qué color era la última barra del escudo
Ya está bien con la pretendida masonería del escudo bético
Es necesario tener muy presente que los tiempos a los que nos estamos refiriendo con el tema del escudo, la información periodística no se facilitaba de forma tan continuada como en la actualidad, por lo que cabe pensar que la noticia pudo llegar al conocimiento del redactor de “ABC” por amistad con un directivo bético, de forma fortuita, o por petición expresa de la directiva bética al responsable de la sección deportiva del periódico. En consecuencia, el informador se limitó a publicarla sin sentirse obligado a seguir su trayectoria. En la época de los años treinta, la confección de un periódico suponía una tarea muy ardua y dificultosa y las plantillas de los medios de comunicación social no eran nada abundantes. Por consiguiente, resultaba muy normal que la información se encontrara muy condicionada por tales circunstancias. Pudo ocurrir también para que no se publicara el desenlace de dicha información, que el redactor que facilitara la noticia se enterase posteriormente de que la iniciativa de la directiva bética no había fructificado e iba a acometer la aprobación de un nuevo proyecto, lo que le daría a entender que la información había perdido interés, o bien que no se enterase de lo que ocurrió con el tema. El hecho no es de extrañar si se tiene en cuenta que tampoco apareció en la prensa la aprobación y el dibujo del escudo de Enrique Añino, que fue finalmente el elegido. Para hacerse una idea de las prioridades de la prensa deportiva hasta llegar a los años treinta, tengan presente que, por ejemplo, en los periódicos sevillanos las primeras entrevistas a los presidentes y entrenadores de un club de fútbol aparecieron muy pocos años antes.
Nos parece que no hace falta decirlo, pero el modelo de periodismo que se practicaba por entonces era muy distinto al actual y sus prioridades no tenían nada que ver con las de hoy en día. Valga otro ejemplo para que lo comprendan. Mediada ya la década de los años veinte, en más de un periódico sevillano localizamos crónicas de partidos de fútbol cuya extensión superaba la de una página y, pese a ello, no se incluían las alineaciones. Y no se crea que se debía a ningún olvido, sino a que se consideraba más interesante analizar ampliamente el desarrollo del encuentro que incluir la ficha técnica. Así, el lector que quería saber, por ejemplo, quiénes habían marcado los goles, se veía obligado a repasar toda la crónica, ya que el relato de los tantos conseguidos se encontraba desparramado a lo largo y ancho de la crónica. A lo dicho, como en cualquier período de tiempo ha ocurrido, hay que unir la importancia que se le concediera a la noticia o las circunstancias que rodearan a su publicación. Tanto es así que, en muchas ocasiones, pese a lo mucho que pueda extrañar en nuestros días, quedaron fuera de los periódicos noticias de la máxima importancia que hoy en día nos habrían ayudado decisivamente a reconstruir interesantes fragmentos de la historia bética.
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