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LA MISMA HISTORIA DE SIEMPRE


 

 

LUNES 26-07-2010

 

Pese a que la Junta General de Accionistas estaba aprobada, la situación da la
ipresión que puede cambiar y suspenderse su convocatoria

EL “VIRREY”, LUIS OLIVER, PARECE QUE NO ES

MUY DADO A QUE SE CELEBRE EL PRÓXIMO DÍA

20 DE AGOSTO COMO SE ACORDÓ EL 7 DE JULIO


Si el consejo de administración no la convoca estárá cometiendo un atropello contra los pequeños y medianos accionistas que tienen la mayoría de los títulos


Manuel Carmona


Lamentablemente, cuando creíamos que a estas alturas la afición bética iba a estar volcada en las noticias y novedades propias de los asuntos deportivos de la pretemporada, observamos con desagrado y estupefacción que aquí no ha cambiado nada. La “guerra” sigue y la situación extradeportiva de la SAD Real Betis Balompié no acaba de aclararse. En un principio, cuando se produjo la venta de las acciones de Farusa por parte de Lopera a Bitton Sport, gran parte de los béticos pensamos que una nueva etapa podría iniciarse en el club. Luis Oliver, el representante de esa desconocida sociedad, llegó hecho un basilisco y comenzó a adoptar medidas que coincidieron con la opinión del belicismo.

Eso fue lo que impulsó a un elevado porcentaje de béticos, a conceder al nuevo mandamás bético los habituales cien días de margen para que demostrara que las promesas hechas a su llegada serían cumplidas religiosamente. Sin embargo, a los nueve días, en un auto cautelar dictado por la jueza Mercedes Alaya, la venta fue suspendida y, a su vez, las acciones de Farusa perdieron sus derechos, hasta que no se produzca una modificación de las medidas dictadas por la jueza. Y esto nos obliga, una vez más, a volver con el tema de la situación del club en lo que respecta a su vertiente extradeportiva.

Ahí, la situación da un giro radical y la SAD Real Betis Balompié, hasta que se solvente la cuestión judicial, pasa de depender de una entidad mayoritaria, al poder de decisión del 48’5 restante de abonados que han quedado facultados para elegir un nuevo consejo de administración. Para ello, naturalmente, es necesario la celebración de una Junta General extraordinaria de accionistas. De ocurrir así, a nadie se le oculta que el consejo elegido sería muy distinto al que en la actualidad continúa con la cabeza debajo del ala. En una reunión celebrada por ese consejo de administración, el pasado 7 de julio, fecha en la que cerró la venta de las acciones de Farusa a Bitton Sport, se acordó la celebración de dicha Junta General extraordinaria el próximo día 20 de agosto.

Claro que, entonces, quien mandaba por completo en el Betis como representante de Bitton Sport era Luis Oliver y como no se esperaba que la jueza Mercedes Alaya adoptara las drásticas medidas cautelares que terminó dictando, la referida Junta General extraordinaria no corría peligro alguno de celebración. Pero, hete aquí que, tras la nueva intervención de la magistrada del Juzgado de Instrucción número 6, la situación en el club ya no es la misma. Pese a ello, el consejo de administración actual se ha bajado los pantalones ante Luis Oliver, que ha sido confirmado en su puesto de consejero junto con su segundo mano derecha, Ángel Vergara. Tras esa actuación, el empresario navarro ha pasado de no ser nadie a “virrey” del consejo, que no del beticismo. Lo más indignante es que algo así ha ocurrido en el momento en que la mayoría de las acciones está en poder de los pequeños y medianos accionistas que tienen en su mano la posibilidad de elegir a un nuevo consejo de administración.

Difícilmente iba a salir reelegido uno cuyos miembros no han tenido la dignidad suficiente hasta ahora de confirmar públicamente la celebración de la referida Junta General extraordinaria el próximo 20 de agosto. Lo ocurrido está dando pábulo a que se recele que el “virrey” imponga su voluntad y esta se postergue hasta la próxima junta ordinaria que el año pasado se celebró a finales de diciembre. Una solución de ese tipo permitiría a Oliver ganar tiempo para seguir haciendo y deshaciendo a su antojo e impedir la intervención de los accionistas que en estos momentos pueden cambiar las estructuras de poder en el Betis. Cuestión que al “virrey”. Luis Oliver, no le interesa en absoluto, pues se tendía que despedir de inmediato de su puesto de consejero.

LA JUNTA GENERAL EXTRAORDINARIA DE ACCIONISTAS DEBE CELEBRARSE EL DÍA 20 DE AGOSTO
La situación, nadie lo duda, es una continuación de la anterior. Por tanto, la fractura en el beticismo sigue sin disminuir y puede acentuarse aún más, pues, no se olvide lo siguiente: mientras que mandaba Lopera, él era el único que tenía el poder absoluto y, hasta que se celebrara la vista judicial de la querella interpuesta en su contra, la situación no podía variar. Lo mismo ocurrió en los breves días que Bitton Sport figuró como entidad accionista mayoritaria, de la que Oliver era general de cinco estrellas a quien nadie podía toserle. Pero, una vez hecho público el auto de las medidas cautelares dictado por la jueza Mercedes Alaya que dejó con un palmo de narices a Bitton Sport y, por ende, a Luis Oliver, el general perdió el mando.


La foto es de la junta general ordinaria celebrada en el 2006 y los
consejeron de más peso, eternizados en sus puestos, aún siguen
en el consejo (Foto: Antonio Calvo)

Lo malo que éste recayó en un consejo de administración acostumbrado nada más que a obedecer, que tuvo que buscarse de inmediato un nuevo jefe y lo encontró en Oliver sin someter la situación reinante a los que legalmente corresponde elegir un nuevo consejo. Y que tengan bien claro que si esto no se remedia con la celebración de la Junta General extraordinaria el próximo 20 de agosto, será una afrenta más de la que belicismo tendrá que pedir cuenta a los actuales dirigentes. Porque no se olvide que este consejo de administración es el mismo cuyo portavoz prometió convocar poco después de terminar la Liga una rueda de prensa para dar explicaciones y todavía la estamos esperando. Por consiguiente, es natural que los béticos no nos fiemos de los mentirosos.

Como ha quedado dicho, la situación ha experimentado un gigantesco cambio y ahora los que tienen la potestad de cambiar el actual consejo de administración, al no existir ninguna persona o entidad que reúna la mayoría del accionariado, es el 48’5 % de los accionistas cuyos títulos hacerno están suspendidos por dictamen judicial. En consecuencia, lo que procede hacer es adoptar una decisión totalmente clara: conseguir legalmente la celebración de la necesaria Junta General extraordinaria de accionistas, borrar de un plumazo al actual consejo de administración y a su “virrey” y nombrar uno nuevo, de gente que no esté quemada y que venga con ideas nuevas, para que mientras la situación se lo permita cambiar el aire viciado que persiste en la esferas de poder de la SAD Real Betis Balompié.

 Esa es la única opción que queda, así que, en su consecución debe estar unido todo el beticismo. Ahora bien, sin gestos extremos, ni manifestaciones violentas, sin amenazas ni coacciones, pues, como se ha demostrado, la Justicia es lenta pero segura. Ya está bien de pintadas, pasquines y dianas de tiros, actitudes que no se han condenado como se debiera por las entidades opositoras –especialmente por aquellas en las que proliferaban los juristas– y aunar voluntades para lograr por las vías legales la celebración de la susodicha Junta General de Accionistas. Ignoramos cuanto tiempo durará el actual estado de cosas, pero después de 18 años de no poder decidir, los béticos de a pie, pequeños y medianos accionistas, estamos facultados para intervenir.

Por consiguiente, nadie nos puede arrebatar ese derecho, mientras que las medidas cautelares de la jueza Mercedes Alaya no lo conceda. Y, si el actual consejo de administración, por orden de su “virrey” se niega a ello, sepa que estará cometiendo un atropello y una ilegalidad. Entre otras cuestiones, porque ni siquiera los seguidores de Lopera han tenido confianza en ellos, ya que ni en los peores momentos del club, que en las cinco últimas temporadas han abundado, fueron capaces de dimitir. Pues, que sepamos, en todo ese tiempo, sólo Diego García León, el sobrino del presidente José León, tuvo la dignidad de hacerlo.

 

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