Domingo, 11 de diciembre de 2011: 23'25
SI EN EL REAL BETIS CUNDIERA EL EJEMPLO OFRECIDO POR
ANDRÉS INIESTA EN EL ALBACETE OTRO GALLO NOS CANTARÍA
• El empleado de la SAD Real Betis Balompié, Rafael Gordillo, debiera tomar nota de lo que es sentir las penalidades de una SAD y dejar automáticamente de cobrar ni un céntimo en favor del equipo que tanto dice querer
• Esa clase de béticos que, por desgracia hay muchos y son los que más cacarean a la hora de criticar, son los que padecen la enfermedad crónica de la “cocodrilitIs”
Dedicatoria: A mi pequeño saltamontes con el deseo de que, de este amplio escrito, extraiga las necesarias conclusiones que le permitan seguir queriendo al Real Betis Balompié con el mismo entusiamo y apasionamiento con que lo ha hecho hasta ahora
Manuel Carmona Rodríguez
Pensarán ustedes que estoy obsesionado con Gordillo. Pero, un bético de la vieja escuela como el que se dirige en estos momentos a ustedes desde el íntimo espacio de su página web, no puede acostumbrarse por mucho que lo intente a soportar determinadas situaciones tan poco ortodoxas como las que han venido sucediendo de unos años a esta parte en nuestro antaño entrañable e idealista club, convertido, por desgracia, desde 1992, en una materialista y deshumanizada Sociedad futbolística. Por ello, no les extrañe que siempre que salgan a la luz casos como el protagonizado por Andrés Iniesta, me decida a referirme al que considero infundado beticismo de Rafael Gordillo Vázquez, empleado del equipo de las trece barras por lo que cobra y bastante bien, según dicen.
En momentos como los citados, desde mi óptica particular, volveré a referirme a un asunto que como bético detesto y no puedo dejar de lado, porque ni soy tonto ni permito que me coman el coco ni acostumbro a comulgar con ruedas de molino. En base a lo que les digo, empeño mi palabra de honor que, al tratar un tema como el de Andrés Iniesta, me duele y envidio profundamente que una historia de amor tan hermosa y admirable hacía un club de fútbol y a la tierra de origen, tenga como destino al Albacete Balompié y la ciudad manchega y española de Albacete y no el Real Betis Balompié.
Un club, por desgracia convertido en SAD, cuya afición se suele poner de ejemplo siempre que se habla de un capítulo futbolístico tan importante como el que escriben, día tras día, mes tras mes y año tras año, los aficionados al deporte rey. La afición de nuestro Real Betis Balompié, “der Beti”, dicho sea de modo coloquial y en pronunciación netamente andaluza, es, sin duda alguna, la mejor afición del mundo. No puede existir otra que sea acreedora de tal calificativo, sino la creadora de un eslogan tan incomparable como el lema más grandioso de lealtad y de amor hacia un club que encierra el del “manque pierda”.
Por eso, hay que repeir las veces que sea necesario bien alto y claro, que al Real Betis Balompié, los que lo llevan de verdad en su corazón, son los modestos, los llamados béticos de a pie, no los poderosos (los de la “cocodrilitis”) que nunca estuvieron a su lado en los momentos más críticos de su historia. Y, como gracias a las intensas y extensas investigaciones que he realizado sobre la historia de nuestro Real Betis Balompié acostumbro a hablar con ejemplos, aquí les dejo, como prueba de lo afirmado, uno bastante tangible como verídico cual es el contenido del escrito hecho público por un gran bético como el que fuera en su momento presidente de la Tertulia Bética, Heliodoro Garrido.

Ese es el único patrimonio fidedigno que tiene el Betis, aunque la ley de las SAD
le arrebatara los derechos que antaño tenía para elegir a los regidores de su club
Para completar la cuestión que estamos analizando, he aquí el texto de aquel emotivo y desgarrador escrito que clamaba en petición de una ayuda imprescindible para la salvación del club más antiguo de la ciudad y el más grande que dio la historia en una època determinada de su existencia. He aquí su contenido:
A los socios y simpatizantes del Betis Balompié:
El Betis se hunde, fallece, cuando más motivos tiene para existir. El año pasado, campeón de Primera División de Liga; este año ocupa en la clasificación un lugar entre los destacados. En la Copa de España, jugándose actualmente, se le presenta una perspectiva risueña, y con un poco de moral que le proporcionemos, puede llegar a ser finalista y tal vez campeón.
¿Y vamos los béticos a dejar hundirse a nuestro Club, que con tantos sacrificios y a pesar de todos los obstáculos que se le han puesto en su camino ha logrado ocupar en el fútbol español un lugar tan destacado? No y mil veces no. Todos los béticos, tanto los socios como los simpatizantes, estamos obligados a impedirlo. ¿Cómo?
Aportando cada uno, con arreglo a sus fuerzas, la mayor cantidad posible. Y como quiera que esto ha de hacerse inmediatamente, propongo a todos los béticos y simpatizantes, concurran a la Junta general convocada, provistos de la cantidad que sus medios económicos le permitan y la entreguen a la comisión que allí mismo se nombre.
Habrá socios y simpatizantes que sólo puedan dar 5 pesetas, otros darán 10, 50, 100, etcétera; a todos les quedará muestro Betis eternamente agradecidos. ¿No existirán entre socios y simpatizantes unos 2.000? Pues a contribuir todos con su óbolo y salvemos al Betis. ¿Qué mayor satisfacción para todos haber puesto nuestro granito de arena en tan bella empresa? El Betis salvado por todos. ¡Viva el Betis!
Por supuesto, se salvó aquella desesperada situación, pero ténganlo bien presente los béticos de hoy en día, por los seguidores verdiblancos de base, quienes realizando colectas públicas en Sevilla y en diversos pueblos de la provincia, lograron que el Real Betis Balompié no llegase a desaparecer.
El ejemplo de don Andrés Hiniesta Luján
Por esa regla de tres, no me queda más remedio que, llegado un caso como el protagonizado por el gran jugador Andrés Iniesta, el realizar una comparación entre dos jugadores de los grandes que ha dado España (Andrés Iniesta y Rafael Gordillo) traduciendo el amor a su equipo de su categoría futbolísticas al nivel de simples aficionados. Por sus “hechos los conoceréis” dijo Jesús a sus discípulos cuando predicaba su doctrina aquí en la Tierra. Y bajo una base comparativa tan esclarecedora como la que aquí vamos a utilizar, resultará fácil trasladar una situación imaginativa para acercarnos lo más posible a la realidad.
Andrés Iniesta, pese a estar hospedado desde niño en La Masía, ha ayudado al Albacete en todo lo necesario; Rafael Gordillo, estuvo en el Real Madrid y, entre otros hechos, aunque nadie pueda negar su libertad de hacerlo, llevó al Real Betis a los tribunales. Andrés Iniesta, en esta etapa crítica del club por medio del que llegó al Barça, equipo en el que se ha hecho inmensamente popular y ha forjado una gran fortuna, se ha convertido en máximo accionista del Alba adquiriendo 7.000 acciones en la ampliación de capital llevada a cabo últimamente por dicha SAD; Rafael Gordillo, en una ocasión más crítica del Real Betis Balompié que la padecida por el Albacete, no adquirió ni una sola acción (¡que ya es decir!) pese a que llegaba procedente de su fecunda etapa en el Real Madrid con la faldriquera llena y se disponía a negociar su segunda incorporación al equipo al que no ha demostrado querer de la forma que aseguran ni él ni sus corifeos ni compadres.
Muy seguro estoy por lo presenciado a lo largo del período histórico del Real Betis Balompié que me ha tocado vivir (que pronto cumplirá los setenta años) que Rafael Gordillo Vázquez amó tanto al Betis como a su cartera. Un hecho que no nos parece muy ejemplar en el plano afectivo, si años después se quiere imponer una historia muy distinta de la que aconteció. El del “Políngano”, eso es seguro, quiso con pasión al Betis llegada su madurez futbolística, cuando su permanencia en él le reportó beneficios económicos. Momentos en los que cobró por los servicios bastante bien pagados (aunque mucho menos que en el Real Madrid) que rindió al club verdiblanco. No olvidar cuando años más tarde, llegada la hora de su presunya despedida, se embolsó ochenta millones largos de pesetas como producto del partido benéfico que le organizó el club.
Y, por supuesto, lo dicho es igualmente de indudable en la actualidad cuando sigue cobrando por retratarse con la gente y viajar con todos los gastos pagados a costa de una SAD arruinada como la bética. Tomen ustedes nota, contemplen los perfiles de ambos grandes jugadores, Iniesta y Gordillo, cada uno en su época, y extraigan las conclusiones que les parezcan oportunas sobre lo hasta aquí expuesto. Que ya es hora de acabar con falsos mitos como el del gran beticismo de Gordillo, o de lemas igual de falsos como el del “Betis libre y de los béticos”, pues ni una cosa ni otra son verdad auténtica y de la buena. Y pruebas hay para demostrar que las cosas son como decimos.
El beticismo de Gordillo y el albacetismo de Iniesta dos sentimientos situados en las antípodas
Por todo lo hasta aquí dicho, leer noticias como la del ejemplar comportamiento de Andrés Iniesta (una de las piezas claves del FC Barcelona y de la selección española de fútbol) para con su querido Alba, en comparación con el proceder de Gordillo con el “Betis de su alma”, convertido en su pingüe fuente dineraria actual, a cualquiera que sea bético le tiene que resultar algo así, como si le diesen una sonora bofetada en pleno rostro. En la actitud del albaceteño está presente la generosidad sin límites de una persona que dice querer de verdad, y lo demuestra con hechos, al club de su tierra y de su infancia. Comportamiento que aumenta aún más nuestra indignación, si nos fijamos en lo que ocurre en los entrebastidores de nuestra desdichada SAD.


Una foto de los dos protagonistas de la historia que se narra en el presente reportaje, en la que Andrés Iniesta
(que pone pasta en el Albacete)
gana por goleada a un Rafael Gordillo que está en el Betis para cobrar
Andrés Iniesta puede decir con la frente muy alta que es del Albacete y quiere al equipo de su tierra, del que antes de ingresar en el FC Barcelona vistió la camiseta en sus escalafones inferiores, aunque fuese por un corto plazo de tiempo. Lo ha demostrado fehacientemente tirando de la chequera y convirtiéndose en el máximo accionista de una SAD futbolística que se ha visto obligada a abrir una ampliación de capital para aliviar la procelosa situación en la que se venía desenvolviendo. Así se demuestran los quereres, que diría el castizo, porque “obras son amores y no buenas razones”, que manifestaría el que busca en todo momento una prueba que le ayude a comprender la sinceridad o falsedad que anida en lo más recóndito de los seres humanos.
De una situación como la explicada, se desprende que una persona que padezca de “cocodrilitis” sólo puede querer a un equipo de fútbol con un sentimiento basado en la frase tan gráfica de “hacer lo que yo diga, pero no lo que yo haga”. Actitud propia de aquellos que en los momentos más críticos de la historia del club al que tanto dicen querer, lo dejaron abandonado a su inclemente suerte. Momento en el que más necesitaba la ayuda de todos los suyos, porque había llegado la ahora de apoquinar, palabra que se emplea en esta bendita tierra cuando hay que soltar pasta de modo más voluntario que obligatgorio. Actitud muy lejana de los interfectos que destinaron al Betis unas migajas de su bien nutrida cuenta corriente, o que hicieron mutis por el foro que, más o menos, viene a ser lo mismo.
Estoy esperando que un buen amigo que se llama José María, procurador de los tribunales, me facilite una relación de accionistas del Real Betis Balompié que tiene en su poder, para demostrar a los aficionados en general cuantas acciones adquirieron en el 92 muchos de los que se alinearon en la oposición a Manuel Ruiz de Lopera y disfrutaban de una más que desahogada situación económica. Pero, ojo, aclaro al lector, sea de la opinión que sea, que sobre el ex máximo accionista de nuestra SAD no voy a comentar nada ni a favor ni en contra de lo que se refiera a la cuestión económica de nuestra SAD en su años de mandato, hasta que la Justicia no sancione definitivamente su actuación.
Y procedo de esta forma, porque desde niño me enseñaron en los Salesianos de la Trinidad a respetar la presunción de inocencia por muy claro que parezca que una persona es culpable del delito del que se le acusa. Y la presunción de inocencia debe ser respetada hasta tanto la persona en cuestión no sea juzgada y condenada. Mientras eso no ocurra, me seguiré aplicando el contenido de dos refranes que explican bien a las claras lo que más veces de lo que uno se imagina suele ocurrir en casos como al que nos referimos sobre Lopera: “En boca cerrada no entran moscas”, o “Por la boca muere el pez”. Los demás, pueden obrar como les parezca más oportuno, pero el autor de estas líneas tiene unas convicciones humanas y religiosas que nunca contravendrá inducido por nadie, mientras que la Justicia no dicte sentencia.
Y menos aún por ningún jurista a los que se les llena la boca de citas leguleyas que se refieren a los derechos humanos individuales de cada persona, pero que no se atreven o se inhiben de condenar públicamente a gentes que amenazan de muerte a otras personas, por muy culpables que puedan considerarlas de delinquir. Yo soy de cuna modesta, pero honrada. Y recibí una educación humana y religiosa de las que me enorgullezco, por lo que durante toda mi vida me he empeñado en practicarla de la forma más fiel a que me la inculcaron. Por consiguiente,como juré en su momento, las respetaré hasta que llegue el último suspiro de mi vida.