La memoria histórica de los presidentes béticos ha sido reivindicada en el libro de Manuel Carmona Rodríguez, “TODOS LOS PRESIDENTES DEL REAL BETIS BALOMPIÉ”. Pero, al margen de los datos biográficos obtenidos en las investigaciones realizadas en tal sentido, cuando la ocasión lo requiere nos gusta acercarnos a familiares muy directos de tan destacados personajes para seguir indagando en los perfiles personales que los distinguían. En la presente oportunidad entrevistamos a Joaquín y Antonio Alonso, hijos de Manuel Alonso Cueli, y sobrino de su tío Joaquín Alonso Cueli, quienes encontraron la dificultad de ser bastante pequeños cuando su padre, que se casó con cuarenta y cuatro años, falleció. Dicha circunstancia impidió que hubiesen mantenido una relación más amplia y estrecha con su progenitor, lo que les hubiera permitido conocer muchísimos más datos de su trayectoria como directivo y presidente bético. De todas formas, como nos interesaba conocer sus manifestaciones lo intentamos y aquí queda la prueba de nuestro cometido. Antes de iniciar la entrevista recordaremos que Manuel Alonso Cueli, aparte de haber ejercido en distintas ocasiones directivo, fue en dos ocasiones presidente accidental del club. Él fue quien suscribió el contrato de arrendamiento del estadio de Heliópolis en 1936 y formalizó el traspaso de Antúnez, diez años más tarde.
MANUEL CARMONA.─ ¿Cómo os marcó como béticos descender de un personaje tan importante como vuestro padre, aparte que también vuestro tío Joaquín fuese presidente del club?
JOAQUÍN ALONSO. ─ Para mí, constituye un gran orgullo y, como tú sabes, para que se conociera más a nuestro padre yo me he desvivido durante muchos años. Si a eso se le añade que nuestro tío fue presidente del club, con ello se demuestra lo bética que ha sido y sigue siendo nuestra familia. En cuanto a cómo me marcó yo sólo lo puedo explicar diciendo que siento que lo llevo en la sangre.
ANTONIO ALONSO. ─ A mí, la herencia que recibí de mi padre como bético fue la de considerar al Betis como un sentimiento y una forma de ser especial. En estos momentos te puedo asegurar que no sé como va el Betis ni como está la clasificación, pero no me lo puedo arrancar de mis sentidos y la frase que dice que el Betis es como una religión es la que más se identifica con mi forma de ser como bético.
MC.─ ¿Qué dato más acusado destacaríais de vuestro padre en su relación con el Betis y con el fútbol?
JA.─ Quizá a alguien le pueda parecer mal que lo diga, pero como es verdad no tengo porqué callarlo. A mi padre lo distinguía su radical antisevillismo, pues vivió los malos tiempos que se iniciaron en 1918 y duraron, más o menos, hasta 1925 en los que el eterno rival nos hizo todas las perrerías del mundo. Y mi padre, con lo bético que era, nunca pudo olvidar y menos aún perdonar tantos agravios que su rival le hizo al Betis. En tu libro se dice que mi padre, con 22 años, fue directivo en 1920 con el marqués de Contadero. Pero, es más, a ese respecto yo soy igual que mi padre, por lo que algo así sólo se puede explicar como una señal de origen genético que se lleva en la sangre y que se siente sin saber porqué. A mí no me cuesta trabajo reconocer que soy un bético muy forofo.
MC.─ ¿Es cierto que vuestro padre sentía y se alteraba tanto como se dice cuando jugaba el Betis?
JA. ─ Yo lo sé por mi madre, pues como te hemos dicho mi padre llegó al matrimonio con cuarenta y cuatro años y cuando murió, nosotros éramos muy pequeños. Pero hablando de eso recuerdo que mi madre me decía: “Este hombre es un enfermo y de la forma que se pone escuchando al Betis, cualquier día se va a morir. Y es que mi padre cuando dejó de ir al campo, los domingos se encerraba en su cuarto, se pegaba a la radio, fumaba mucho y vivía con tal intensidad la retransmisión radiofónica que chillaba y gesticulaba hasta ponerse fuera de sí. Mi madre, el escucharlo, se ponía mala y exclamaba: ¡Es que se muere, es que se muere cualquier día! Y es que mi padre era muy forofo y muy temperamental. Por eso, cuando yo voy al campo, pues sigo siendo socio, lo paso muy mal. Me río, estoy de cachondeo, pero como soy tan parecido a mi padre vivo los partidos con tanta vehemencia que en muchas ocasiones lo paso bastante mal.
MC.─ ¿Cuáles son los recuerdos más antiguos que como bético guardáis de vuestro padre?
AA.─ El que yo conservo de mi niñez, era que el domingo, aparte de ir a misa, constituía todo un ritual cuando el Betis jugaba dentro. Todo giraba en torno a ir al fútbol y esperaba impaciente que llegara la hora para marchar al campo. Nosotros vivíamos en los “Hotelitos”, a un paso del campo del Betis, y el ambiente lo notábamos cuando empezaban a llegar los aficionados; o sea, estábamos en la órbita y sentíamos que el campo, cuyo primer arrendamiento firmó mi padre, ejercía una intensa atracción en nosotros. También esa influencia era mayor porque todos los hermanos jugábamos en aquel sector e íbamos muchos días al campo, lo que aún recuerda Alberto Tenorio que, como sabes, vivía en el estadio. En resumen, que el domingo para mi padre era el día del Betis y lo vivía de manera especial. Y cuando jugaba fuera, pues pegado a la radio para escuchar el partido. No había más que eso para él los domingos.
JA.─ En otras ocasiones, en los tiempos de la Tercera, según mi madre, cuando viajaba para ver al Betis a Cádiz, Huelva o Córdoba, aparecía por mi casa a los dos días, porque entonces un viaje de esos duraba más que hoy viajar a Alaska. Como te ha dicho mi hermano, nosotros íbamos prácticamente todos los días al campo del Betis. De hecho, muchas veces nos escapábamos del colegio y nos íbamos a ver entrenar a la plantilla que lo hacía en el terreno conocido por “Maracaná”, que estaba en frente de la tribuna de Fondo.
MC. ─ ¿Cuál era el perfil humano de vuestro padre?
AA. ─ Yo, que soy mayor que mi hermano, que es el menor de todos, lo recuerdo como un hombre serio, muy reservado y reflexivo, pero especialmente como un hombre bueno.
Ni el Betis ni la Federación Española han contestado
MC. ─ Vamos a ver Joaquín. Yo he sido testigo de tu inquietud y deseos que a tu padre se le conociera como presidente a todos los efectos. Sin embargo, por unos u otros imponderables nunca llegaste a ver coronados tus esfuerzos con lo que deseabas conseguir. ¿Quieres contarle tu odisea a nuestros lectores?
JA.─ Sí, la historia es larga, por lo que comenzaré desde el principio. En el año 2000, en atención a mi madre, nos reunimos los hermanos y con los tres papeles que teníamos sobre mi padre acordamos presentárselo a la directiva del Betis. En un principio se portaron muy bien y nos contestaron muy rápidamente, ya que al poco tiempo recibimos una carta oficial del club, firmada por el secretario, Juan Luis Aguado, y dirigida a mi madre en la que nos decía, más o menos, que existían indicios suficientes para considerar a nuestro padre a todos los efectos presidente del Betis. Pero que no podían certificarlo oficialmente por la carencia de documentación que existía en el club. A partir de ahí, como tú sabes, me dediqué a localizar algún documento que, por ejemplo, certificara ciertos hechos en los que participó mi padre como presidente en funciones. Y por una parte localicé un documento oficial que acreditaba que firmó el arrendamiento del estadio de Heliópolis, en julio de 1936, y por la prensa que traspasó a Antúnez al Sevilla FC una vez que al Betis se le dio la razón en el recurso que elevó contra el ilegal traspaso. Ambos hechos eran totalmente desconocidos en el club y terminaron enterándose por mi mediación. Hablé con Pepe León numerosas veces por teléfono, por mediación de un primo suyo del que soy muy amigo que fue quien me lo presentó. Estuve en contacto con él meses y me dio muy buenas esperanzas de que el tema podría resolverse sin dificultad. Me pidió que le enviara los papeles que había conseguido sobre mi padre que iba a proceder a lo que yo pretendía. En aquel momento, el amigo que me lo presentó, su primo, le dijo que había que resolver ese asunto en un sentido o en otro, a lo que él manifestó que iba a tomarse interés. Pero que quien debería darle paso era Lopera. Eso ocurrió en el 2007 y los papeles llevan en el cajón de su despacho, lo sé directamente por él, más de dos años. En definitiva, que viendo yo la desidia que había en el Betis para afrontar el problema, siguiendo tu consejo escribí al secretario de la Federación Española consultándole sobre si a mi padre, que había sido dos veces presidente accidental de Betis, podría considerársele como presidente a todos los efectos. Pues bien, yo había escuchado decir que en dicho estamento no echan cuenta para nada de lo que se les consulta, pero ahora he tenido la oportunidad de comprobarlo. Y lo que se dice es completamente cierto, son unos desconsiderados de tomo y lomo y ni siquiera por vergüenza han tenido la delicadeza de contestarme a la carta certificada que les envié. Así que, ante la indiferencia de unos y otros, he terminado por dejarlo porque he comprobado que, vaya donde vaya, encuentro la misma respuesta: el silencio y la indiferencia.
MC.─ Pasemos a la actualidad, ¿qué os parece como está el Betis?
AA.─ Hombre, qué te voy a decir, a mí donde se encuentra me parece muy mal. Entiendo que, hoy en día, ningún bético puede sentirse orgulloso donde está y como está el Betis.
MC.─ Y del equipo, ¿qué?
AA.─ Bueno, yo del equipo no puedo hablar porque hace mucho tiempo que no lo veo. Pero me imagino que la gente tiene lo que se merece, pues si está en Segunda es porque tiene un equipo para estar ahí. Por eso, pienso que no hay más cera que la que arde. Está claro que para tener un buen equipo es necesario dinero y no sé si en el Betis lo hay o no, o si se lo pueden gastar o no, o si se ficha mal. Yo no tengo ni idea porque estoy muy alejado del club desde hace tiempo.
MC.─ Y tú, Joaquín, que continúa siendo socio y sigues al equipo con mucho interés, ¿qué tienes que decir sobre el tema?
JA.─ El tema del Betis todo sabemos de donde viene, de Lopera. Que lo hizo bien, que lo hizo mal, cada cual tiene su idea personal de aquello. En mi caso, yo me acuerdo que un sevillistas me decía que llegaría el momento en que íbamos a pagar todo lo que se había gastado. ¿Que si se merece el Betis estar donde está? ¡Cómo se lo va a merecer con la cantidad de socios que tiene y la categoría histórica que le corresponde! ¡Vamos, lo que está pasando es tremendo! Pero, en mi opinión, no todo es cosa de Lopera. Que se tiene que ir, por supuesto que se tiene que ir, porque ya ha cumplido su ciclo y debe dejarle su sitio a gente que venga con ideas nuevas. Los cargos queman mucho y gestionar hoy en día a un equipo de fútbol SAD no es nada fácil. Sin duda, Lopera tiene mucha culpa de lo que está ocurriendo, pero también los aficionados tenemos la nuestra por haberlo endiosado y algo así nunca trae buenas consecuencias, pues, lo mejor, que nadie lo dude, es darle a cada cual lo suyo y decirle que está bien cuando lo hace bien y que se está equivocando cuando lo hace mal. Lo malo llega cuando uno se acostumbra al elogio continuado y no admite que se le critique. Ahí empiezan los males que después son inatajables y crean la división, que eso, por desgracia, es lo que le está ocurriendo al Betis de unas temporadas a esta parte.
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