Contigo Siempre Betis.es

 
   
   


LA ENTREVISTA


 

Martes, 24-11-2009

Una entrevista escrita en verdiblanco

(II)

 

ALFONSO JARAMILLO


95 años de vida y casi 80 de socio

 

Su participación en la compra del estadio de Heliópolis fue decisiva y fundamental

Afirma que quien diga que empeñó la medalla que le concedió el club no está en su sano juicio

Y, por supuesto, rechaza el lema que reza: “Mejor en Tercera que en Primera con Lopera”


“QUIENES APOYAN ALGO ASÍ NO SABEN LO QUE DICEN.

YO NO QUIERO NI PENSAR QUE EL BETIS TUVIERA

LA DESGRACIA DE VOLVER DE NUEVO A TERCERA.

SOY UN BÉTICO ESPECIALY SUELO MIRAR EL BIEN

DEL BETIS ANTES INCLUSO QUE EL MÍO PROPIO”

 

Manuel Carmona

Fotos: Manuel García Prieto

 

A medida que avanza la conversación, comprobamos que Alfonso Jaramillo está dispuesto a decir lo que piensa, independiente de lo que opinen los demás, como se demuestra por la respuesta a la pregunta que recogen los titulares de esta segunda entrega de la amplia entrevista que con él mantuvimos. Alfonso Jaramillo es una persona de criterio fijo, que sigue fiel a los importantes personajes béticos que conoció y a aquellos con los que colaboró, a los que considera vitales en la historia del club, y critica todo lo que le parece perjudicial para el Real Betis Balompié.

— ¿Cómo se produce tu contacto con don Benito Villamarín y llegas a ser directivo, y de confianza, del prócer gallego?
Pues, unos cuatro años después de dimitir con don Pascual, en 1955, el mismo año en que Benito Villamarín entró de presidente en el Betis, yo fui nombrado concejal del Ayuntamiento de Sevilla. Tres años más tarde, don Benito, que se había informado de mi beticismo, de mi experiencia como directivo y de que era concejal del Ayuntamiento me mandó llamar y me dice que quería comprar el estadio de Heliópolis, que si podía contar conmigo. Mi respuesta fue tajante y le dije: Puedes contar conmigo y con el estadio. Se quedó muy sorprendido y le volví a repetir: Que cuentes conmigo y con el estadio, que yo me ocupo de ese tema. Le pregunté que qué pensaba hacer y me respondió que quería enviar un escrito al alcalde para iniciar los contactos, a lo que yo le indiqué que no hiciera nada, que yo le iba a preparar una entrevista con el alcalde, don Mariano Pérez de Ayala, a fin de que iniciara las negociaciones personalmente. Y así lo hice. Me fui por la mañana al Ayuntamiento, hablé con don Mariano y le dije que el presidente del Betis quería hablar con él y yo tenía interés que lo recibiera lo más pronto posible. Me parece que lo estoy viendo. Miró el reloj y me dijo: Son las diez menos diez, ¿le parece a usted bien a las once? Le respondí, que estupendo y a continuación informé a don Benito que a la hora convenida se encontraba en el Ayuntamiento. Cuando aparcó su automóvil indiqué al guardia municipal que allí se encontraba de servicio que aquel coche lo mirara como si fuera el del alcalde. A continuación, penetramos en el ayuntamiento donde dejé a don Benito hablando con el alcalde y me retiré a la secretaría particular hasta que finalizara la entrevista. Una vez que hubieron terminado, el alcalde salió a despedir a don Benito hasta la puerta y cuando se retiró me acerqué a él y le pregunté que cómo había ido el asunto. Don Benito, muy satisfecho me dijo que el alcalde estaba en una disposición fenomenal y que se marchaba encantado de la entrevista mantenida. Así se inició la tramitación de las gestiones que desembocarían en la compra por el Betis del por entonces llamado estadio de Heliópolis.   

— Por cierto, Alfonso, en aquella corporación municipal qué porcentaje había de béticos y sevillistas.
— Que yo recuerde la cosa estaba casi al cincuenta por ciento.

— Por cierto, Alfonso, ¿no me dijiste en cierta ocasión que a raíz de aquello don Benito te ofreció un puesto de directivo y respondiste que era más importante tu gestión de concejal en el tema del estadio, por lo que no era el momento de que entraras en la directiva? Qué es lo que te impedía ocupar ambos cargos.
— Hombre, nada. Pero éticamente no me parecía correcto intervenir en la compra de algo en mi condición de concejal siendo directivo de la parte que intentaba adquirir un bien municipal. Ni era conveniente ni ético. Así se lo dije a don Benito, que lo entendió perfectamente, pues, aunque yo estaba deseando ser directivo con él era necesario, por lo que acababa de decirle, terminar la compra del estadio y que después Dios diría, que había tiempo para todo.  

— Después de todo lo que he leído y escuchado sobre la compra del estadio de Heliópolis, es sin duda tu intervención en un pleno la que facilita que sólo el Betis pudiese adquirirlo. ¿Recuerdas cómo fue aquello?
— Hombre, sin duda. En aquella ocasión, a falta de que se cumplieran los plazos establecidos por la legislación vigente y se realizaran las tramitaciones correspondientes, tras la celebración de aquel pleno el campo ya era imposible que no fuera para el Betis.

— Bueno, pues aunque yo estoy enterado perfectamente de la cuestión, recuérdesela tú a los lectores de “Contigo Siempre Betis. es”.
— Pues mira, la fecha, que nunca se me olvidar, fue la del 19 de septiembre de 1960 y mi intervención dejó el asunto listo para sentencia. Yo pedí, y me fue aceptado, que a la subasta del estadio sólo puediesen presentarse equipos de Primera División y que no tuvieran estadio en propiedad. Como la propuesta fue aceptada tan sólo el Betis reunía los requisitos para presentarse a la subasta. 

— Bueno, pero tú actúas así, porque te habían informado que Antonio Sánchez Ramos, presidente del Sevilla Atlético, quería presentarse también a la subasta en nombre del club que presidía, ¿Tú, en verdad, creíste que podría haber sucedido una cosa tan escandalosa?
— Bueno, yo lo que sospechaba era que pudiera intervenir para fastidiarnos, e intentar que el precio se incrementara. Ten en cuenta de que como se tenía que celebrar una subasta, si alguien más intervenía en la puja la cantidad mínima de partida podría aumentar y el Betis tendría que pagar más dinero. Y eso es lo que yo quise evitar en aquel momento.

— Y eso fue lo que te impulsó a intervenir en el pleno y proponer dos puntos más en las bases de la subasta.
— Claro. Al enterarme de eso, pues no tuve más remedio que pensar en algo para impedirlo, pues si dependía de mí era imposible que yo permitiera que el Betis fuese perjudicado. Así que en el referido pleno propuse lo que te he dicho. Como mi propuesta fue aprobada, todo ya quedó preparado para que nuestro Betis fuese el único que pudiese adquirir el estadio. Tanto es así, que cuando realicé mi proposición que quedó recogida en acta como tú comprobaste en su momento, otro concejal, llamado Julio González Cabaña, que estaba sentado delante mía, se volvió y me dijo con mucha ironía: “Y que el presidente sea gallego”.  A lo que yo le respondí: “Me da igual que sea gallego o que sea valenciano”.

— Por cierto, Alfonso, el alcalde de qué pie cojeaba futbolísticamente hablando. Yo creo recordar que tú en una ocasión me dijiste que pasaba del fútbol, ¿no es así?
— En efecto, don Mariano, de fútbol nada. A él lo que le interesaba era vender el campo porque al Ayuntamiento le interesaba que lo regentara como propio un club. Y como sabía que el Betis, si se establecía un acuerdo justo, se iba a quedar con él, pues colaboró. En mi opinión, don Mariano estuvo en su papel de alcalde sin otro interés que el ayuntamiento no saliera perjudicado, y, si además se ayudaba a un club de la ciudad, pues su satisfacción era doble.

— Vamos a ver, Alfonso, quiero que me aclares una cosa. A ti, por la valiosa gestión que realizaste en la adquisición del estadio, se te concedió la medalla de oro del Real Betis Balompié. En cierta ocasión yo te pregunté por el asunto y me respondiste que no la tenías, que se te había perdido. Un día, comentando el hecho con alguien me dijo que lo que había ocurrido es que la empeñaste, no fuiste a recuperarla y te quedaste sin ella.
— Quien haya dicho eso no está en su sano juicio. Yo no he tenido nunca necesidad de empeñar nada en mi vida.

— Pero, ¿cómo entonces un objeto tan valioso para ti pudo desaparecer sin dejar rastro?
— Mira, Manolo, yo te voy a contar lo que pasó. Esa medalla me la robaron dos veces junto a las alhajas de mi mujer, a la que yo, cada año, en el día de su santo, en la festividad de la Virgen de los Reyes, solía regalarle una joyita. Pues bien, en la primera oportunidad tuve la suerte de poder recuperarla, pero en la segunda ya no fue posible y, con todo el dolor de mi corazón, desapareció para siempre. ¡Cualquiera sabe dónde estará en estos momentos! Resulta que nos robaron dos veces las joyas de mi esposa. La primera, en nuestra casa de Chipiona, con la suerte que al ir a denunciar el robo, resultó que el sargento de la Guardia Civil que me atendió era muy bético. Y al decirle, que entre las joyas que nos habían robado se encontraba la medalla del oro del Betis que me concedió el club, me dijo que no me preocupara que la iba a recuperar. Y así, efectivamente, ocurrió con la alegría que te puedes suponer, pues, aparte del valor de las demás joyas que se llevaron, esa medalla tenía un valor especial para mí. En la siguiente oportunidad el robo tuvo lugar en mi domicilio de la calle Pagés del Corro, el día que nació mi biznieta, María Reyes, el 15 de junio de 1994. Al día siguiente, fui a verla al Hospital Infantil y cuando regresé a casa observé que la puerta estaba forzada, con lo que no me quedó lugar a la duda de que habían entrado ladrones en el piso. Al penetrar en la vivienda y entrar en mi habitación, observé que la maleta en la que se encontraba el estuche de las joyas estaba abierta, la habían vaciado, se llevaron las joyas, cuyo valor era de más de tres millones de pesetas, y entre ellas se encontraba la medalla del Betis. Nada más que ese estuche había desaparecido del lugar, por lo que no nos quedaron dudas de que el autor o autores del robo fue alguien que conocía lo que allí se guardaba. Y ahí, la medalla desapareció para siempre. Yo no he empeñado nada nunca en mi vida y menos aún un objeto que por su gran valor sentimental, no tenía precio para mí.

— En tu extensa vida como bético, que va ya para los ochenta años, que es lo que más te ha preocupado con respecto al Betis.
—  Naturalmente, la estabilidad de la vida del club, que ha tenido tantos altibajos y ha pasado por momentos tan difíciles a lo largo de su historia. Nosotros hemos sido siempre económicamente modestos. Y nunca me lo he llegado a explicar, porque hemos tenido a gente con mucho dinero en el club. Pese a ello, siempre hemos estado a la cuarta pregunta y hemos pasado por grandes dificultades. Es verdad que las épocas a las que yo me refiero no eran iguales a la de hoy. Antes, el club sólo contaba para subsistir con los ingresos de los socios y los de las taquillas, que no eran lo elevadas que era de menester. La prueba está que se decía que el Betis era el equipo de los trabajadores, de la gente más modesta. Y eso de que dicen que la gente se lleva dinero del fútbol yo no me lo he creído nunca. Y menos del Betis que no teníamos ni para cubrir el presupuesto. Yo recuerdo que en cierta ocasión, un señor que trabajaba e un almacén de tejidos y confecciones muy conocido en Sevilla, "Almacenes Peyré", le dio por decir cuando dimitimos en el año 1951 Pascual Aparicio y todos sus directivos, que yo me había ido a Tánger con el dinero que me llevé del Betis. En realidad, mi viaje a esa ciudad fue por lo siguiente: Yo, por entonces, me dedicaba a la venta de materiales para la construcción y me encontraba en Tánger intentando solucionar el palo económico que un individuo me había dado al no pagarme el barco de ladrillos que le había vendido, cuyo valor ascendía a unas cien mil pesetas de principio de los años cincuenta. Figúrate, a cuanto ascendería hoy esa cantidad. En Tánger estuve unos diez días sin lograr arreglar nada por lo que me tuve que volver de vacío. Y por si el problema que tenía no era suficiente, al volver a Sevilla me informan de las declaraciones realizadas por dicho señor. Fui a verle y le dije: “Vamos a ver, ¿tú cuanto te crees que yo me he llevado del Betis? Él, profundamente turbado, se derrumbó diciendo; ¡Perdóname, Alfonso, yo estaba ofuscado y comprendo que no he debido decir nunca algo así! Entonces para que no le quedarán dudas, le apostillé. “¿Cómo me voy a llevar dinero del Betis, si en el Betis no hay ni un duro?”. Muchas gentes no saben que en aquella época yo puse sesenta o setenta mil pesetas para el Betis porque no había ni para los viajes. Tanto es así que don Pascual tuvo que recurrir a diez personas pudientes de Sevilla y se firmaron diez letras, por importe total de un millón de pesetas y tan sólo uno, Eutimio de la Serna, fue el que rehusó cobrarla.

— ¿Fue esa la peor situación por la que atravesó el Betis por aquella época?
— Es que una situación tan dificultosa duró toda la etapa de la Tercera. En conjunto era todo malo y había que vencer dificultad tras dificultad. No se puede decir esto fue mejor o aquello fue peor, sino que todo era negativo y adverso. La afición, hoy en día, no se puede imaginar cómo fueron de horribles aquellos años en los que el nivel deportivo y económico estaba bajo mínimos y cuántos sinsabores, amargura y tristeza, padecimos los béticos. Algo así se comprende tan sólo si lo has vivido, pues imaginarlo no es posible y menos desde hoy en día…

— Perdona que te interrumpa, Alfonso, pero estas palabras tuyas me traen a la mente una continua controversia que he mantenido con algunos béticos que me dicen que prefieren que el Betis esté en Tercera a que sea campeón con Lopera. ¿Tú qué opinas al respecto?
Que algo así me parece una barbaridad con la que yo no estoy ni tanto así de acuerdo. Quienes apoyan algo como eso no saben lo que dicen. Yo no quiero ni pensar que el Betis tuviera la desgracia de volver de nuevo a Tercera División. Yo en eso soy un bético especial y miro el bien del Betis antes que incluso el mío propio. Eso es una tragedia y un desastre muy grande tanto en lo deportivo como en lo económico. Sentimientos rotos y una pena tremenda que no se la puede imaginar quien no la haya vivido. Eso fue algo gravísimo y me llena de amargura cuando lo recuerdo. Yo soy un bético que siente profundamente lo malo que padece su club y el Betis está para mí por encima de todo.


Volver a la página de entrada