En esta semana hemos estado en Triana donde entrevistamos a dos personajes de la historia bética que tienen mucho que contar de sus experiencias con relación al club de las 13 barras. El primero, Alfonso Jaramillo, socio número 3 del Real Betis Balompié, quien si José Núñez Naranjo no cambia de actitud y renueva su carné de esta temporada, pasará a ocupar automáticamente el lugar número 2 en la amplia nómina social del club. Con Alfonso Jaramillo mantenemos una cordial relación desde hace bastantes años y siempre que le hemos solicitado su colaboración para nuestras investigaciones sobre el Real Betis Balompié nos ha prestado su valiosa colaboración. Cuando nos reunimos con él en la Peña Bética de Triana, observamos que lleva sus 95 años con gran prestancia física y mental. Como anticipo de la conversación que mantuvimos, he de decir que Alfonso Jaramillo contestó cada pregunta que le formulamos con toda sinceridad y convencimiento. Naturalmente, dijo su verdad, que es lo que deseamos de nuestros entrevistados. Comenzada la charla que teníamos prevista desde hace algunas semanas, nos dio la impresión de estar asistiendo a una obra teatral, por cuyo escenario fueron pasando en sucesión de continuidad todas las escenas de la historia bética que nos fue relatando nuestro protagonista.
Manuel Carmona
Fotos: Manuel García Prieto
— Alfonso Jaramillo González, ¿dónde nació, que edad tiene y cuando empezó a ser bético?
— Yo nací en el barrio de Triana, el 13 de julio de 1914, por lo que tengo en la actualidad 95 años y cinco meses y soy bético desde que con diez u once añillos comencé a tener simpatías por mi club, el Real Betis Balompié. Este sentimiento se vio acrecentado cuando el novio de una hermana mía, mayor que yo, que era muy bético, comenzó a llevarme a ver algunos partidos del Betis. De ellos, recuerdo uno con el eterno rival, que se jugó en el campo que los sevillistas tenían en el Prado, cercano al del Betis, que era conocido como “El campo de la tablas rojas”. Como perdimos por 3 a 0, cuando salimos del campo me dijo mi cuñado: “Bueno, tú que piensas ahora”. Y yo sin dudarlo un momento, le contesté: “Que soy más bético que cuando entré”.
—En ese caso has visto enfrentamientos béticos-sevillistas en los campos de las tablas verdes y rojas, de la Enramadilla; en el Patronato, el Reina Victoria, Nervión, Heliópolis, Sánchez Pizjuán, Benito Villamarín y Manuel Ruiz de Lopera, que ya es ver, por supuesto.
— En el Reina Victoria vi el partido de la Copa Spencer, encuentro inolvidable por el gran triunfo que conseguimos ganando a nuestro eterno rival por 1 a 3. Aquel fue un día grande para los bético que salimos locos de alegría del campo de nuestro eterno rival
— ¿Podemos decir que a lo relatado se remontan tus recuerdos como bético?
— Sí, y como comprobarás, ya ha llovido mucho desde entonces. Ten en cuenta que el año que viene voy a cumplir mis ochenta años como socios del Real Betis Balompié, pues me inscribí en 1930, cuando contaba 16 años, hasta hoy que tengo el número 3.
— Por los datos que aportas fuiste testigo de los dos grandes acontecimientos béticos de los años treinta del siglo veinte, como fueron el ascenso a Primera División antes que ningún equipo sevillano y andaluz y la conquista del primer título de Liga de la División de Honor, que se adjudicó un club de nuestra ciudad.
— Ya te digo que soy socio desde 1930. Por cierto, que recuerdo como si lo estuviera viendo ahora mismo, el recibimiento que los béticos le tributamos al equipo campeón de Liga a su regreso de Santander. Venía en un autobús que había comprado el club, el conocido como “La flecha Verde”, para cuya compra los socios aportamos dos pesetas cada uno y entró por la carretera de Carmona, donde habíamos muchos béticos esperando. No tantos como, por ejemplo, cuando el ascenso a Tercera, porque ya la ciudad tenía muchos más habitantes, pero los béticos que nos dimos cita aquel gozoso lunes de abril de 1935 éramos bastantes. En el lugar estaban también apostados unos coches de caballos en los que se subieron los jugadores que fueron paseados por toda Sevilla antes de ser recibidos en el Ayuntamientos.
— En tu entorno juvenil, cuando ya eras un bético convencido, qué privaban más, ¿los béticos o los sevillistas?
— Naturalmente, los béticos. En ese caso puedo decirte que yo procuré siempre frecuentar los ambientes en los que predominaran los aficionados del Betis. Yo he tenido, como es natural, amigos sevillistas en los que he mirado más las cualidades humanas que sus simpatías futbolísticas. En mi modo de ver las cosas, las personas a las que yo trataba, aunque fuesen sevillistas, no dejaban de ser buenas personas, y muchos de mis amigos, a los que aprecio entrañablemente, han sido y son sevillistas.


Alfonso Jaramillo abrió el cofre mental de sus recuerdos y nos concedió una entrevista que por su sinceridad
y convicción sorprenderá profundamente a más de un lector (Fotos: Manuel García Prieto)
— Tras convertirte en un bético ferviente, comienzan a invadirte unos grandes deseos de relacionarte con los jugadores y colaborar en lo que pudieras ser útil en la secretaría bética, ¿como comienzas esa actividad?
— Siendo muy jovencito me gustaba ir al campo a ver los entrenamientos y a la secretaría a ofrecerme, por si pudiera realizar alguna tarea. Allí me encontré con don Manuel Simó a quien manifesté mis deseos de ayudar en lo que fuera posible y él me encargó que troquelara los carnés del club que se utilizaban por entonces, los cuales tenían un número en cada ángulo y en el centro el escudo del Betis troquelado, labor para la que se utilizaba una máquina que yo comencé a manejar todos los meses para troquelar los carnés de los socios. Y fue allí donde conocí a don Antonio Moreno Sevillano, el presidente que hizo al Betis campeón de Liga de Primera División. Recuerdo que un día en que yo me encontraba realizando dicha tarea, llegó don Antonio a la secretaría y don Manuel Simó, al explicarle quién era yo, le dijo: Este va a ser un buen bético. No veas la satisfacción que me invadió en aquellos momentos También, por entonces, solía acudir al campo del Patronato para ver los entrenamientos y, quiera que no, como iba tanto por allí mi rostro se hizo familiar para los jugadores con lo que pude entablar relación. Muy especialmente con Jesús; Tenorio y Jesusín. Eso no quiere decir que yo tuviera amistad con ellos, porque con mi edad eso no era posible. Pero guardo unos recuerdos maravillosos de aquellos momentos. Por supuesto, cuando frecuentaba la secretaria no pretendía contactar con los directivos ni nada por el estilo, sino que lo hacía sólo con la intención de ayudar en lo que pudiera.
— En aquellos tiempos cuál era el personaje bético que más admirabas.
— Mi ídolo, era Jesús, un magnífico portero y una gran persona al que observaba que vivía al Betis de forma distinta a los demás. A Jesús, por los años treinta, yo le tenía una admiración especial.
— Dada tu larga trayectoria como bético, ¿cuáles serían a tu juicio los tres personajes béticos más grandes que has conocido?
— El primero de todos, y de mayor prestigio, sin ningún margen de duda, fue Benito Villamarín Eso lo tengo muy claro. También el mérito de Antonio Moreno Sevillano es indudable, pues hay que agradecerle que bajo su mandato el equipo se proclamara campeón de Liga de Primera División e intervino en el arrendamiento del estadio de Heliópolis por el Betis. Y en tercer lugar, por supuesto, no puedo olvidar a Pascual Aparicio que, aunque sin el prestigio y la categoría de los otros dos, fue un presidente al que le debemos que el Betis continuara existiendo tras el funesto período de la Tercera División. Y eso no se puede olvidar porque es un hecho muy importante. También, de aquella época, me quedaron muy buenos recuerdos de don Evaristo Pérez Cortés que presidió una gestora en el Betis y siempre estuvo dispuesto a servir al club. Don Evaristo era un hombre encantador, amable y servicial.
— Fue con don Pascual Aparicio, a quien conociste de una forma muy curiosa, con quien comenzaste tu trayectoria de directivo ¿Quieres relatarnos cómo se produjo tu primer encuentro con el inolvidable don Pascual?
— El hecho sucedió en el verano de 1947 en un viaje en autocar desde Sevilla a la provincia de Cádiz. Yo tenía a mi familia en Chipiona y don Pascual a la suya en Sanlúcar de Barrameda. Aquel día tuvimos la suerte, porque aquello fue una suerte, de que a ambos nos correspondieran dos asientos contiguos en el autobús en que viajamos. Tengo que aclarar que don Pascual era un hombre muy abierto, simpático, agradable y comunicativo, por lo que no era muy difícil entablar conversación con él, sino todo lo contrario. Recuerdo que subí al autocar, me senté a su lado y, tras el saludo de rigor, iniciamos una conversación muy fluida que duró todo el viaje. La verdad fue que nos caímos bien desde el primer momento. En medio de la charla, don Pascual me preguntó: ¿Y usted es bético o sevillista? Yo le respondí que bético, a lo que él me dijo: Pues yo voy a ser presidente del Betis a no tardar mucho. Continuamos conversando y yo le conté mi convivencia con el Betis de tantos años. Y ante mi sorpresa, él me dijo: “Yo quiero que usted entre como directivo conmigo cuando acceda a la presidencia”, a lo que le respondí que por mí encantado.
— Me figuro que algo así, con lo que te gustaba desempeñar las tareas de directivo, sería como si te hubiera tocado la Lotería.
— Hombre, tras un ofrecimiento como ese, que yo no esperaba ni por asomo, pues dos horas antes no sabía quién era don Pascual Aparicio, cuando le escuché pronunciar esas palabras lo único que me faltó es que el Papa me diera su bendición. Meses después, cuando a él lo hicieron presidente, cumplió su palabra y me nombró directivo. De una forma tan singular como esa, ingresé con don Pascual Aparicio en la primera directiva del Betis de la que formé parte. Tenía por entonces 33 años y comenzaba una nueva vida de bético para mí.
— Antes de que se me pueda olvidar, hay un asunto que no quiero dejar de preguntarte para conocer tu opinión al respecto. José Núñez Naranjo no ha querido renovar el carné de socio en señal de protesta con lo que perderá su número de antigüedad. ¿Qué opinión tienes sobre lo ocurrido?
— Pepe Núñez me llamó antes de decidir lo que haría para pedirme consejo. Cuando supe lo que pretendía le dije: Mira, Pepe, mi consejo leal es que debes sacar el carné. Porque tú eres un ex presidente del club, una persona muy querida por el beticismo y tienes un número muy respetable como el 2”. Y, ante mi sorpresa, me dice: “No, no, yo estoy decidido a no sacarlo y tú debes hacer lo mismo”. A eso, le repliqué: Resulta que me llamas para pedirme un consejo, ¿y el que me lo das eres tú a mí? Mira, Pepe, yo voy a sacar mi carnet, pues de la única forma que no lo haría es si todos los béticos se pusieran de acuerdo para no sacarlo. Pero, si los sacaran quinientos, entre los quinientos estaría yo. Y no te lo digo por el número, aunque sea bonito tener un número bajo, sino porque yo no puedo romper mi vinculación con mi club por nada del mundo. Yo he sacado mi carné desde que tenía 16 años, lo sigo sacando y lo sacaré mientras viva, pase lo que pase, esté quien esté al frente del club y haya lo que haya. Yo, salvo que todos los béticos se decidieran a no sacarlo, jamás dejaré de renovar mi carné del Betis.


Muy esclarecedora resultó la narración de Alfonso Jaramillo del viaje que realizó el Real Betis
a Baleares y Alicante para jugar dos partidos de la fase de ascenso de la temporada 1950-51
en la que se pone de relive la falta de medios que padecía el club (Fotos: M. García Prieto)
— Me gustaría que nos contaras una historia en la que se refleje la estrechez económica en la que se desenvolvía el Betis en aquellos años de la Tercera.
— Una que me parece idónea para ello es la odisea del viaje que hicimos para jugar en Baleares y Alicante dos de los partidos de la fase de ascenso a Segunda División de la temporada 50-51 los béticos que lean esta entrevista se darán perfectamente como nos la teníamos que apañar para seguir adelante por aquellas fechas A ese desplazamiento yo fui como delegado, que fue lo habitual durante aquella época. En tales partidos nos jugábamos el ascenso a Segunda División. Y, lamentablemente, los perdimos los dos y nos quedamos en Tercera. El desplazamiento nos lo organizó un señor que fue directivo llamado Julio Sánchez Nieva, delegado de la empresa de autobuses ATESA, y nosotros teníamos que procurarnos los alojamientos. Pues bien, en Baleares no estuvimos mal, ya que nos alojamos en una especie de residencia que recuerdo que tenía unas habitaciones corridas. Tras jugar en Baleares regresamos a Valencia donde teníamos proyectado esperar el partido de Alicante. Como nuestra economía era tan precaria teníamos que aprovechar cualquier oportunidad que nos permitiera ahorrarnos una peseta. A la vuelta para Valencia, Andrés Aranda, que era el entrenador del equipo, me había dicho que conocía a un jugador ex valencianista que tenía una pensión y si nos alojábamos allí podría resultarnos más barato que en cualquier otro sitio. Como la idea me pareció aceptable nos dirigimos hacia allí con la confianza de que el poco dinero que teníamos nos permitiera aguantar los días que nos quedaban para regresar a Sevilla. Pero andábamos tan mal de fondos que, una vez en Valencia, me vi obligado a concertar un partido amistoso con el Levante por el nos dieron cinco mil pesetas. Tanto estábamos obligados a ahorrar en los gastos que, en el barco de Valencia a Baleares, viajamos en las literas de lona de la bodega. Pero no quieras ver la sorpresa que nos llevamos al contemplar que la pensión del conocido de Andrés Aranda era una fonda de mala muerte, en la que tuvimos que aguantar desde el martes por la mañana hasta el viernes en que partimos hacia Alicante. Ya te puedes figurar en las condiciones que tuvimos que pasar aquellos días. Después, en Alicante, nos alojamos en un hotel y aquella ya fue otra historia. Total, que jugamos en Alicante, donde también perdimos, y creo recordar que con un punto en Baleares nos hubiésemos clasificado. Llegada la hora de abonar los gastos de nuestra estancia en Alicante, como quiera se nos habían terminado las doce mil pesetas que me dieron cuando salimos de Sevilla para que abonáramos nuestro alojamiento y las cinco mil cobradas por el partido amistoso con el Levante, me vi obligado a dirigirme a una entidad bancaria para sacar dinero de mi cuenta corriente. Máximo, el capitán, vino conmigo y estuvimos a punto de perder el autovía en el que nos marchábamos de Alicante a causa de las gestiones propias de cobrar el cheque. Saqué nueve mil pesetas para solucionar el problema y a continuación regresamos a Sevilla.
— Tras finalizar tu labor como directivo con Pascual Aparicio no vuelves a ser directivo hasta la llegada de Benito Villamarín, ¿no es así?
— Así es, y debo manifestar que la salida fue muy triste, porque en un partido que perdimos con el Almería, hubo algunos aficionados violentos que quisieron agredir incluso a algunos directivos y don Pascual y todos sus directivos dimitimos inmediatamente. He de decir que la salida de don Pascual Aparicio del Betis fue muy triste y no merecía haber ocurrido así. Además, a don Pascual no se le ha hecho justicia en el Betis, pues en aquella época de Tercera sin un presidente como él hubiésemos podido desparecer. Como ya te he explicado en el relato del viaje a Alicante, aquella etapa fue muy dura para el Betis, pues el club tenía si acaso unos 300 socios con cuyos desembolsos era imposible subsistir y gracias a don Pascual y después a otras directivas se podía cubrir el presupuesto para seguir muy dificultosamente adelante. Y de eso no se daban cuenta los aficionados más exigentes que querían lo que no se podía. En aquella época con seguir existiendo ya era suficiente. Pero ya te digo, si no hubiera sido por don Pascual… Y no vaya a creer la gente que don Pascual era un hombre acaudalado. Vivía bien, porque tenía una agencia de aduanas, pero cuando yo iba a pedirle cualquier cantidad necesaria para el club, él me lo daba de la cuenta de su negocio. Por todo lo que te digo, a mí me será imposible olvidar a don Pascual, un hombre admirable y un bético de cuerpo entero. Para que los béticos de hoy se puedan hacer una idea de cómo era de generoso, cuando Peral dejó de jugar y más tarde de entrenar, don Pascual le compró un taxi usado, para que estuviera de chófer a su servicio y visitara menos la taberna. Su misión era la de llevarlo al sitio que necesitara y el trabajo era más que descansado, pero así en vez de ayudarle económicamente como si en ves de pagarle un sueldo le diera limosna, le hacía sentirse útil y podía mantener dignamente a su familia. Y una acción como esa no todo el mundo es capaz de hacerla. Pues bien, que raíz de la dimisión de don Pascual Aparicio yo me quedo fuera, pues con las personas que estuvieron al frente del club yo no tuve una relación tan estrecha como la que llegué a mantener con don Pascual.
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