Pedro Buenaventura continuó a lo largo de la presente entrevista desgranando los hechos de su historia verdiblanca en forma de una continuada cascada de recuerdos. Para él, evocar el más nimio detalle pese al mucho tiempo transcurrido no suponía el más mínimo esfuerzo. Además se encontraba tan a gusto en su labor de buen conversador, que su interlocutor disfrutaba el doble de lo que le escuchaba decir. Algunos sucesos ya se los habíamos oído contar a lo largo de las muchas conversaciones que mantuvimos con él en nuestros años de contacto. Pero nos pareció oportuno hacérselos repetir para que los conocieran nuestros lectores.
─ Bueno, si no recuerdo mal, paralelamente a tu trayectoria como técnico bético, ejerciste responsabilidades en el Colegio Regional de Entrenadores.
─ Pues sí, cuando fue aumentando la responsabilidad que desempeñaba en la cantera bética, recibí la proposición de Paco Balón, presidente del Colegio Regional de Entrenadores, para que ocupara un puesto de profesor en la Escuela de dicho organismo. Sin embargo, como por entonces yo sólo había obtenido el título de entrenador regional, me planteé sacar el nacional. Pero en aquella oportunidad a Andalucía sólo le correspondían seis plazas para participar en el curso nacional y, además, había que permanecer un mes en Madrid. En esa situación había que tener en cuenta que yo no estaba dedicado profesionalmente al asunto deportivo y que me tenía que separar de mi esposa e hijos durante ese plazo de tiempo. Pues bien, para evitar problemas y poder obtener el título que perseguía, decidí emplear en ello mi mes de vacaciones. Así procedí, saqué el curso con provecho y a mi regreso pude ocupar el puesto que el señor Balón me había ofrecido.
─ ¿Cuándo comienzas a trabajar con plena dedicación en el Betis y regularizas una situación que implicaba simultanear tu ocupación laboral con tu labor en el club?
─ El hecho se produce cuando Juan Manuel Mauduit es elegido presidente y, a instancias de José María de la Concha, me propone la dedicación plena y paso a ocupar la secretaría técnica en la que permanezco hasta cumplir los sesenta y cinco años. Esta fue una época muy intensa por distintas causas; porque mi labor ya estaba relacionada con el primer equipo, por los viajes que realicé con relación a los fichajes y por la parte difícil que me tocó vivir en la última etapa hasta la llegada de Manuel Ruiz de Lopera. Pues bien, en esta situación me llegó la edad de la jubilación en 1995, aunque continuaría doce años más por voluntad del consejero delegado. Todo sucedió en el mes de diciembre de ese año en la comida de Navidad que el club ofrece a los empleados. A ella asistió don Manuel al que me acerqué y, tras saludarlo, le dije: “Don Manuel a partir de fin de año ya no estaré al servicio del Betis, porque me ha llegado la hora de la jubilación. Él, por su parte, me preguntó: Bueno, y usted qué tiene pensado hacer. Pues, si usted me lo permite ─le dije─ venir a leer los periódicos a la secretaría, porque con mi sueldo yo puedo comprar un periódico, pero no seis o siete. Y tras leer la prensa irme a la ciudad deportiva a animar y a criticar que es lo que se suele hacer. A esto él me sugirió: “Bueno, usted siga viniendo por aquí y haga que lo que le permita hacer su situación de jubilado. Como usted ha hecho aquí de todo, pues alguna tarea podrá desempeñar: atender al gerente, a la secretaría, bueno lo que usted crea que puede hacer”. Y así estuve doce años más en el club. Y aún continuaría si en el partido de Liga que en el 2007 jugó el Betis con el Recreativo no me hubiera dado el dolor que sufrí, por el que me tuvieron que ingresar en dos ocasiones. Bien es verdad que en este último período ganaba mucho menos dinero que antes, pero ya el dinero no era lo importante, pues a las personas mayores lo que nos gusta es seguir sintiéndonos útiles y de esa forma, cono lo que ganaba, me sentía doblemente pagado.
─ Además, como habías llevado tanto tiempo realizando una labor que te gustaba y lo mejor para un trabador es cumplir una obligación que le apasione, el dinero, aunque naturalmente es importante, pasa a un segundo lugar, pues lo primero e más provechoso que lo segundo.
─ Eso es algo que yo se lo he dicho a mis hijos muchas veces. Yo he tenido una suerte enorme, que es muy difícil de conseguir en esta vida, como es buscarte las “papas” con un trabajo que te guste. Y, además, en una empresa a la que tanto he querido por motivos sentimentales, lo que todavía es más difícil de encontrar. En un caso como éste, el trabajo deja de ser trabajo para convertirse en un placer, lo que para mí se ha traducido en una felicidad laboral incomparable.
─ Y, por supuesto, en una situación como esa las exigencias que te pide el trabajo las notas menos y haces más que lo que estás obligado a realizar.
─ Bueno, yo pienso que si hubiera tenido que estar las doce horas que diariamente permanecía en el estadio, habría tenido que cumplirlas en una oficina normal, en un comercio, de chófer o una profesión similar para mí hubiera sido un infierno. Y todavía más porque en el Betis yo no tenía horas ni días, pues tenía que cumplir labores los sábados, los domingos, ir a ver partidos o a hacer de delegado, y algo así si se hubiese tratado de una labor que tuviera que haberla desempeñado por necesidad me habría sido imposible de soportar.
─ ¿Cuál fue tu mayor satisfacción a lo largo de tu trayectoria técnica en el Betis?
─ Las satisfacciones se repetían cada vez que debutaba un chaval de la cantera en el primer equipo del Betis
─ Y en relación a los entrenadores que han pasado por el club en tu etapa de secretario técnico, ¿cual es el que tú más admirado?
─ Hombre, a los técnicos tú sabes que la masa generalmente los valora por los resultados, nunca por el trabajo que han realizado. Por ejemplo, ahora que me has recodado a Pepe Alzate, yo recuerdo haberte dicho que hizo en su primer año lo que hubiera querido hacer cualquier entrenador que estuvo en el Betis, cual fue perder sólo dos puntos en casa y clasificar al equipo para la Copa de la UEFA. ¿Tú te imaginas lo que es perder tan sólo dos puntos en casa y ante los dos equipos que encabezaron la tabla? Sin embargo, en el segundo año, en que fue cesado, nos tocó en la Copa el Castilla de Butragueño y compañía, que nos eliminó metiéndonos 4-0 en el Bernabéu. El tanteo influyó mucho en su cese. No obstante, aunque el Betis llevó un equipo debilitado había que tener en cuenta también que el Castilla era líder de Segunda División y además con jugadores de mucha calidad. Pero el malestar de la afición se agudizó tanto que, inevitablemente, llegó la hora del cese. Hombre, yo a todos los técnicos que pasaron por aquí en esa época como los vi trabajar no puedo decir que éste era mejor que aquel o viceversa. Pero sí puedo decirte, por ejemplo, que el primero, Szusza, que llegó con fama de metódico, con el paso del tiempo se acostumbró a otra metodología y fue cambiando. De Iriondo puedo decir que era un gran trabajador y un hombre muy modesto y además muy ordenado y disciplinado. Era tan honesto que no comulgaba con muchas de las cosas que pasan en el fútbol. De él recuerdo que en la temporada siguiente de ganar la Copa del Rey, en la que descendimos a Segunda División, nunca se llegó a creer que en el Hércules-Burgos de la última jornada pudiese llegar un arreglo para empatar a cero porque así se salvaban los dos. Él, en su mentalidad de deportista íntegro, se resistía a admitirlo pese a que nosotros se lo recalcamos una y otra vez. Tanto es así, que en Valencia reservó a algunos futbolistas pensando que eso no iba a ocurrir y al final ya se vio lo que pasó. Hablando de otro técnico, de Carriega, he de decir que se trataba de un entrenador muy trabajador y dinámico que sacaba bastante partido a los futbolistas. Además, como había estado antes en el Sevilla, conocía la idiosincrasia futbolística de la ciudad. Y, por descontado, Lorenzo Serra Ferrer, que aunque hizo algunos detalles que no gustaron mucho, ni a mí tampoco, como aquel de la final de Copa con el Barcelona, era un hombre muy trabajador y entregado a su labor. Quizá su trato con la plantilla no fue todo lo bueno que debiera, sin duda pudo haber sido mejor, pero se volcaba con la gente buena y los menos buenos se sentían discriminados. Y algo así el jugador lo capta enseguida y da origen a inevitables discrepancias. Para terminar de responderte a esta pregunta no quiero dejar de repetir que, lamentablemente, a los entrenadores se les juzga por los resultados y no por el trabajo que realizan.
─ Por cierto, Pedro, de tu etapa de secretario técnico, recuerdo lo que en cierta ocasión me contaste de un viaje a Yugoslavia, recién iniciada la guerra de los Balcanes, que, al margen de la tragedia que se vivía en aquel momento, tuvo su parte anecdótica. ¿Se lo quieres relatar a nuestros lectores?
─ Aquello empezó en una ocasión en que Ángel Castillo, que había estado de secretario técnico en el Sevilla y el Atlético de Madrid, que entonces era lo que ahora se denomina agente FIFA, me llamó y me dijo: Pedro, ¿ustedes no estáis buscando un punta bueno? Yo asentí y él añadió: Pues, mira, yo voy a mandar a Yugoslavia a mi segundo a ver un jugador y si tú quieres irte con él, te pagas el viaje, y puedes ver a dos futbolistas de los que yo te voy a dar los nombres para que los veas. Esos futbolistas eran Jokanovic, que después fichó por el Oviedo, y Mitjatovic, que más tarde vino Valencia y terminó en el Real Madrid. Lo comuniqué al club que me encomendó esa misión, viajé a Yugoslavia y de regreso entregué mi informe a la junta directiva. Y como quiera que yo decía en el informe cosas que sorprendieron a los directivos, éstos me preguntaron si lo que yo decía en exactamente era así. Es cierto que yo sólo los había visto en un partido y su rival no era muy bueno, pero a mi me encantaron y así lo expresé en mi informe. Entonces, la junta decidió que fuera a verlos otra vez, pero que en esa ocasión me acompañara Rogelio si no me importaba, a lo que respondí que de ningún modo, pues era íntimo amigo mío. El chófer que nos acompañó en el país balcánico había estado de portero en el Español y hablaba castellano, lo que facilitó nuestra labor. Ya cuando nos dirigimos a la localidad donde se jugaba el partido, se veían muestras de los efectos que estaba realizando la llamada guerra de los Balkanes. En el trayecto, recuerdo que cruzamos un puente instalado sobre un río y a la vuelta, después del encuentro, como observaba que el taxi avanzaba y no llegábamos al puente, extrañado pregunté al taxista que cuando íbamos a llegar al puente, o es que habíamos tirado por otro sitio, a lo éste me contestó: No, no, es que el puente lo han derribado he tenido que dar un rodeo porque por allí no podíamos pasar. No veas tú el miedo que pasamos, sobre todo Rogelio que dijo que allí no venía el más ni por todo el oro del mundo, a lo que yo le respondí: Pues anda que yo.
─ ¿Y por qué no se hicieron tan magníficos fichajes después de las gestiones que se realizaron?
─ Pues, cuando llegamos allí, con el estado de guerra en que se encontraba el país, el dinero que pedían por ambos jugadores había que pagarlo en al contado, porque aquellas gente lo que quería era cogerlo para marcharse inmediatamente de allí, no pudimos acceder a esa imposición.
─ Si se llega a consumar, habría sido una operación de las buenas, dado el alto rendimiento que ofrecieron ambos jugadores en el fútbol español; Jokanovic en el Real Oviedo y Mitjatovic en el Valencia CF y en el Real Madrid.
─ Pues mira, cuando llegó Lopera al Betis y leyó el informe que yo había hecho en su momento, preguntó que porqué no se ficharon, yo le relaté la odisea del viaje y le expliqué las causas que lo impidieron
─ Pedro hay un hecho que se produjo en la cantera con un jugador que llegó a internacional y era hijo de un ex futbolista bético que se incorporó a la cantera sevillista estando en la bética, como fue el caso de Ramón: ¿De qué forma se produjo un hecho tan extraño cómo ése, teniendo en cuenta de que se trataba de un futbolista infantil?
─ Creo recordar que todo ocurrió porque había un entrenador, apellidado Caraballo, en los juveniles o los infantiles del Sevilla que era de Alcalá de Guadaira, pueblo donde había nacido y vivía Ramón. Al chaval le propusieron si quería pasarse a la cantera del Sevilla, con lo que podría acudir a los entrenamientos en el vehículo de Caraballo que lo recogería y lo devolvería a su domicilio en coche para acudir a los entrenamientos. Con ello se evitaría los inconvenientes de desplazamiento en autobús que le suponía para seguir en nuestra cantera. Además, un hijo de Caraballo, que también jugaba en los escalafones inferiores sevillistas era amigo de Ramón, lo que también influyó para que el chaval se mudara de acera pese a ser bético.