Pensando en entrevistar a un artista de los muchos que profesan cariño o admiración por el Real Betis Balompié pensamos, porque en justicia se lo merece, en Antonio Martínez Fernández, gran pintor y amigo, que, aunque se manifiesta como poco futbolero confiesa que sus simpatías, en la parte balompédica, se inclinan abiertamente por el equipo de las trece barras. Entre los motivos que este destacado pintor presenta para justificar ese sentimiento, señala el carácter popular que siempre ha distinguido a un equipo tan peculiar con el Real Betis y sus colores, el verde y el blanco de nuestra Andalucía. Explicación muy característica de un pintor, pues destaca sobre todo en un club deportivo su personalidad y sus colores, por supuesto algo que cuadra a la perfección en el fundamento de la modalidad artística que cultiva. Para el lector que lo ignore hemos de aclarar que Antonio Martínez Fernández es el autor de la original portada del libro “Poemas Verdiblancos”, del que estas líneas escribe fue el coordinador. Aparte del mismo, la colaboración de ambos se extendió a otras obras como pueden ser la portada de la primera edición de “Un siglo de música procesional en Sevilla y Andalucía”; todos los dibujos de “Amor Cofrade”, obra en la que aparecen dibujadas todas las imágenes que desfilaban antes de su ampliación en la Semana Santa sevillana, y los de “Semblanza histórica de la Banda Municipal de Sevilla”. Magistral también su dibujo de la madre del Rey, a la que fue dedicada el libro de “Poemas Verdiblancos”. Es justo que digamos de entrada que Antonio Martínez Fernández, es uno de los cartelístas artísticos sevillanos más prestigiosos de la última hornada, especialidad en la que consiguió un logro tan importante, del que no existe precedente, como el ser el único artista que ha realizado dos años consecutivos el cartel anunciador de la universal romería de El Rocío.
─ Antonio, antes de comenzar la entrevista, ¿querrías presentarte para nuestros lectores?
─ Con mucho gusto. Me llamo Antonio Martínez, soy pintor artesano y nací en Sevilla, un 18 de junio de 1935, en la calle del Sol, número 77. Un número muy flamenco, muy feriante, por aquello de la caseta de los de “Er 77”. En dicha calle residí con mi familia hasta que cumplí los 5 años. Después nos mudamos a la avenida de la Cruz Roja, donde residí hasta que llegó la hora de cumplir el servicio militar. Terminada la “mili” contraje matrimonio con mi esposa, Pilar Pastor, y nos vinimos vivir a Castilleja de la Cuesta, hace más de cuarenta años, donde residimos desde entonces. Aquí nacieron nuestros tres hijos, Antonio, María del Pilar y David.
─ Sé, desde que nos conocemos, que no eres muy futbolero, pero que te simpatiza el Betis, por eso accediste a dibujar la artística portada del libro “Poemas Verdiblancos”, por lo que si no sintieras simpatías por el Betis no habrías aceptado dibujarla de forma altruista. ¿De dónde, sin embargo, te vienen esas simpatías?
─ Yo, en mi juventud, he practicado el deporte, especialmente la natación, y aunque no he sido, como dices, muy futbolero he tenido muchos amigos béticos, algunos béticos de lujo. En particular a uno de los que no veo hace mucho tiempo como es Pepe Carreño, que vive en la Macarena y no se sabe si es más macareno que bético. Si a ello unimos que la principal característica del Betis es su esencia genuinamente popular y que sus colores son el verde y el blanco de nuestra Andalucía, que ya es bastante, soy simpatizante del Betis, al que le deseo todo lo mejor. Por ese sentimiento, como bien dices, acepté dibujar la portada del libro “Poemas Verdiblancos” y el retrato de la madre del Rey, que figura en su interior, que fue una gran bética.

Antonio Martínez Fernández restaurando el sagrario donde se venera al Gran Poder de
Castilleja de la Cuesta, destacada obra del artista local Juan Oliver
─ Entrando de lleno en tu especialidad de pintor artesano, modalidad en la que has conquistado un justo reconocimiento, háblanos de tus comienzos y especialización artística.
─ A mí me gustaba dibujar desde que era tan pequeño que no me acuerdo de cuando empecé. Sé por mi madre que cuando ella llegaba de la tienda, yo utilizaba el papel de estraza que en aquella época se empleaba para envolver los alimentos, para pintar. Naturalmente, los motivos deberían ser los dibujos animados de la época, pues ya existían Micky, el Pato Donald y todos los personajes que había creado Walt Disney que tanto nos gustaban a los niños. Por supuesto, en aquel tiempo no existía la televisión y sólo podíamos ver sus historietas en los tebeos y en el cine.
─ Al comprobar que tenías cualidades para ello, ¿cuándo decides ser pintor?
─ Viviendo ya en la avenida de la Cruz Roja, en la Ronda de Capuchinos, donde estaba la antigua y popular cervecería de Baturrone, había un corralón muy grande, en una de cuyas naves la Escuela de Bellas Artes y Oficios tenía instalada una en la que se impartían clases de dibujo. Allí acudía yo por las tardes cuando salía del colegio y tuve dos profesores buenísimos como fueron don José Murillo, que era un acreditado ceramista, y don Eduardo Basallo. Me acuerdo de ambos perfectamente porque les tomé mucho aprecio, ya que para mis ansias de perfeccionarme en el dibujo eran un tesoro. Con ellos empecé a dibujar al natural y con ellos me fui formando. Después, en el Bazar España, situado muy cerca de allí, me empleé en un taller de decoración, de cerámica, loza y cristal en el que fui desarrollando todo lo aprendido y completando mi formación.
─ ¿Podrías calcular la cantidad de obras que has pintado en tu dilatada trayectoria artística?
─ Mira, sé que muchos pintores llevan una contabilidad de toda su producción artística, pero como a mí nunca me dio por hacerlo pues me es imposible responder a tu pregunta. Lo que sí puedo indicarte es que mi obra, entre cuadros, dibujos, cerámicas y carteles está muy repartida. Entre otras cosas, porque estuve dos años viviendo en Suiza y allí hay colecciones de pinturas mías, al igual que en Francia, Alemania y en aquella zona hay gente que adquirieron cuadros míos. Lo que no te puedo decir es ni la cantidad ni los sitios concretos donde están. En cuanto a España, he hecho muchas exposiciones y ese es el motivo por el que mi pintura se haya distribuido tanto. Empecé a exponer en Sevilla, en exposiciones colectivas, que fueron las primeras, para continuar en solitario en Sevilla, Madrid, Rota, Alicante, Barcelona, etcétera.
─ De esa época, ¿cuáles eran los estilos de pintura que cultivabas?
─ A mí me ha gustado siempre combinar los estilos, pero entre ellos me ha gustado mucho el retrato y el bodegón.Como te digo no me ha gustado limitarme a un cierto tipo de pintura, sino ir tocándolos todos y no encasillarme. En 1982 me encargaron pintar un fresco en el techo de una iglesia de Bollullos Par del Condado, y aunque no lo había hecho nunca, lo pinté y allí quedó mi obra. También en dicha localidad pinté el techo del Sagrario de la iglesia parroquial de Santiago Apóstol, y últimamente, diseñé y pinté un zócalo para la ermita de la Patrona, Nuestra Señora de las Mercedes, lo que pese a ser un estilo que nunca había cultivado no dudé en acometerlo cuando me lo encargaron. Para mí fue muy satisfactorio porque tuve que hacer un proyecto que debió ser aprobado por el obispado de Huelva y, como te he dicho, por las condiciones tan incómodas en que tuve que realizar mi labor.
─ Bueno, después, aquí, en Castilleja de la Cuesta, también pintaste en las dos iglesias de la localidad, ¿no es así?
─ Pues sí, efectivamente, pero aquí mi labor consistió en restaurar lo que había pintado un prestigioso pintor local como fue Juan Oliver. Primero restauré el sagrario, donde se venera el Gran Poder, de la iglesia de la Inmaculada Concepción, de la Calle Real. Después, en la de Santiago Apóstol, la de la Plaza, el trabajo fue más dificultoso, pues consistió en restaurar una parte del techo, lo que me dejó hecho polvo, por lo dolores de cuello que me produjo la postura en que tuve que trabajar. En suma, que como verás, he cultivado todo tipo de estilos pictóricos.
Desde 1993 forma parte de la historia de la Romería de El Rocío
─ De todos los trabajos que has realizado, una vez terminados, ¿recuerdas alguno en especial que al terminarlo dijeras: esto es lo que yo quería pintar?
─ Bueno, ha habido veces que he estado pintando un cuadro y progresivamente me ha ido gustando la labor que heido realizando, por lo que me he sentido satisfecho con lo conseguido. Pero, como reto, por la dificultad que entrañaba el lugar y por ser mi debut en ese género el pintar el techo del Sagrario de la iglesia de Santiago Apóstol de Bollullos Par del Condado.
─ Bueno, Antonio, pasemos a dos hitos de tu carrera artística de los que guardas recuerdo especial que llevas grabado en tu cerebro y en lo más profundo de tu corazón. El primero no es otros que ser el primer y único pintor ha pintando en dos años consecutivos (1992 y 1993) el cartel de la universal romería de El Rocío. Entiendo que algo así tiene que llenar de orgullo y satisfacción a un pintor, pues se trata de un indiscutible respaldo a su categoría artística. En ese caso, ¿qué supuso para ti un triunfo tan considerable cuando para pintar ese cartel, como se dice coloquialmente siempre ha habido cola?
─ Por supuesto, fue una satisfacción enorme por tratarse de un reconocimiento a mi categoría artística. Y, sobre todo, en la segunda oportunidad, pues quién se iba a imaginar que tras el primer encargo llegaría el segundo. Pero así ocurrió, pues el primero gustó tanto que dio paso al encargo para del año siguiente. Ya te puedes imaginar mi sorpresa y satisfacción cuando, como tú bien dices, había cola de artistas para conseguir el encargo. Sin embargo, me correspondió un privilegio que hasta ahora nadie ha conseguido, lo cual, y lo digo sin inmodestia, considero como uno de los timbres de gloria de mi especialidad como cartelista. Pero, como he dicho, gustó tanto el primero que, Ángel Díaz de la Serna, entonces presidente de la Hermandad Matriz de Almonte, al contemplarlo me dijo: “Pues, Antonio, que sepas ya que el del año que viene tienes que hacerlo tú también”. Y, claro, algo así te da un pellizquillo por dentro que, sin vanagloria de ninguna clase, nunca jamás se te olvida.
─ Es que es un logro tan importante que cualquier artista tiene por fuerza que sentirse muy orgulloso de haberlo logrado. Repárese que estamos hablando que en la historia de la romería del Rocío has sido no sólo el único autor de dos carteles de una manifestación religiosa tan importante, sino el único que lo ha pintarlo en dos años seguidos, que ya es decir.
─ Mira, con respecto a lo que dices, en Almonte, en una iglesia antigua que fue rehabilitada, se conservan todos los carteles de la Romería. Es más, poseo un catálogo por el que he comprobado que no hay ningún artista repetido. En suma, que esta realización me deparó satisfacciones en todos los sentidos y, puedo decir con orgullo, que mi especialidad me llevó a formar parte de la historia de la Romería por tres razones muy concretas: primero porque me lo encargaran; segundo, por ser el autor de dos carteles, y tercero, y más difícil, porque fue en años dos consecutivos.
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