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EL INFORME GALERA

EPÍLOGO


 

Miércoles, 16-12-2009

 

UNA REFLEXIÓN FINAL

 

© Manuel Carmona Rodríguez

 

El Real Betis se había salvado, bien es cierto, pero el rostro de Hugo Galera no reflejaba satisfacción alguna, sino más bien todo lo contrario. La tensión acumulada crispaba sus facciones porque era consciente que, por mucho ahínco que puso en el empeño, no había logrado evitar que el Betis fuera a ser regido por un accionista mayoritario. Sin embargo, el desenlace final fue del agrado de la mayoría de los directivos que respiraron aliviados de que se hubiera evitado la desaparición del Betis. Había otros que, aparte de Hugo Galera, no participaban de esa opinión, pero la corriente de simpatía y admiración que se granjeó Manuel Ruiz de Lopera como salvador del Betis acalló cualquier atisbo de discrepancia. La base, la inmensa mayoría del beticismo, en aquel momento, y eso lo saben todos los béticos, estaba como una piña con “Don Manuel”.

El Real Betis Balompié se había salvado porque un bético había aparecido con el talón de ochocientos millones y pico de pesetas para evitar lo irremediable. Los hechos, al respecto son claros y evidentes. Por eso, hay que exponerlo de forma tan clara pese a que en la actualidad esté bien visto meterse con Lopera que, indudablemente, lleva más de cuatro temporadas fracasando y en esta página web se reiterado sin que nos duelan prendas. Pero lo que aquí no vamos a hacer nunca es negar es la evidencia. Y lo ocurrido aquel día fue lo que Pepe Gómez ha contado y lo que todos sabemos que ocurrió. Y para apostillar un hecho de ese tipo voy a dejar una reflexión en voz alta que cualquier lector de estas líneas se puede responder así mismo.

El que suscribe, no está en disposición de asegurar, se crea lo que se crea, que Manuel Ruiz de Lopera se jugó sus cuartos por el beticismo que confiesa o por hacer negocio como le acusan sus adversarios. Pero puso el dinero necesario para que nuestro club continuara llamándose Real Betis Balompié. Pero para el que suscribe no es ese el hecho que más le llamó la atención en la referida ocasión. Lo que sí, entonces, me dejó sumido en un mar de dudas fue no ver a aparecer a aquellos que tanto protestan hoy y que contaban con el dinero suficiente para haber evitado que Lopera se hubiera hecho con la mayoría de las acciones. Ahora es muy fácil piar, entonces cuando se ventilaba el futuro del Betis, fue cuando debían haber actuado los que padecen cocodrilitis crónica. No hay un bético en estos momentos que no reconozca la pésima trayectoria que en las cuatro últimas temporadas y en lo que llevamos de ésta ha realizado Lopera al frente del club. Pero, oigan, no quieran manipular la realidad de lo ocurrido y denle al señor Lopera lo que le corresponda y critíquenle lo que merezca. Porque yo no escucho a nadie criticar a los cobardes que observaban impávido lo que ocurría y no movieron un dedo para evitarlo. El que suscribe, junto con su esposa, compró cinco acciones haciendo un esfuerzo bastante grande, pero hay muchos de los que hoy protestan que siendo dueños de haciendas muy saneadas se inhibieron y pasaron olímpicamente del problema.

Digan lo que digan los señores que estaban en dicha situación, ni Hugo Galera ni toda la cohorte que ahora, como auténticas fieras se lanzan contra el máximo accionista bético con la intención de devorarlo, estuvieron impedidos de intervenir. Como días atrás dijo nuestro director Lolo de Montesquiu, ni los amarraron a un árbol, ni los encerraron en la mazmorra de un castillo medieval, ni los sedaron en un hospital para que no se dieran cuenta de lo que ocurría. Es muy fácil, diecisiete años después de lo sucedido, querer negar lo que parece evidente. Pues bien, como al señor Lopera se le acusa de haber comprado ilegalmente las acciones que posee esperemos a ver qué estima la Justicia y después hablaremos. 

Muchas veces me he preguntado: ¿Habría preferido Hugo Galera que el club no hubiese podido convertirse en SAD mejor que Manuel Ruiz de Lopera se hubiese convertido en máximo accionista? Ni lo sé ni me importa. Lo que sí me importa es que el señor Galera no hubiera actuado de la forma que nos prometió y ahora venga a camelarnos con cuentos de Calleja. Por contra, la totalidad de los directivos respiraron aliviados de que se hubiera evitado la desaparición del club, por lo que resultó muy normal que al conocer la buena nueva muchos de ellos reaccionaran felicitando y abrazando, sumamente agradecidos, a la persona que lo había evitado. Indudablemente, el beticismo manifestó en voz alta su alegría por la solución del problema y porque la iniciativa del ya máximo accionista bético impidió que las botellas de champán puestas a enfriar por los enemigos del Betis se hubiesen descorchado para brindar por el descalabro de nuestro club. Sobre las tres y media de la tarde, Lopera y Galera se dirigieron a la notaría donde esperaron a Miguel Espina hasta las cinco. Media hora después procedieron a firmar las escrituras y quedó finiquitada la cuestión.

Esa es la pura y llana historia de lo que ocurrió aquel dramático 30 de junio de 1992 que, por fortuna para el Betis, terminó con un sentimiento preñado de alegría y un incontenible y desatado sentimiento de gozo arrasador. Y, como tal, pese a que se pueda ser el mayor adversario que tenga el señor Ruiz de Lopera, es obligado reconocerlo. Y repito para que nadie se llame a engaño: soy uno de los que me siento tremendamente decepcionados de la ejecutoria que en las últimas temporadas ha mantenido el señor Ruiz de Lopera. Pero en mi opinión no todo vale, pues si se reconoce una cosa hay que reconocer la otra. En lo que a mí respecta me moriré pensando de esta forma y a mis 65 años será difícil que pueda cambiar.

El martes, 21 de julio de 1992, Hugo Galera dimitió como presidente del Real Betis Balompié por no querer continuar en su puesto tras la conversión del Real Betis en Sociedad Anónima Deportiva y quedar con un accionista mayoritario a su frente. Había fracasado en esa y otras cuestiones como dirigente bético, pero no iba a ir contra sus convicciones permaneciendo en el club tras lo ocurrido. A raíz de su marcha, Manuel Ruiz de Lopera confió hasta el último momento que recapacitara y aceptara su ofrecimiento de que ocupara la presidencia, pero en eso el catedrático fue consecuente con sus actos. Por consiguiente, Lopera  nombró a Pepe León como presidente, momento en que dio comienzo una historia que es suficientemente conocida en sus aspectos más importantes. Aquí, por tanto, termina este informe referido a la actuación de Hugo Galera a su paso por las esferas dirigentes del club. Y, ojalá, lo digo con absoluta sinceridad, por lo mucho que sufrimos los béticos en aquella ocasión, no vuelva a repetirse una historia tan amarga y dolorosa para nuestro club y sus apasionados seguidores.

Según se publicó, la deuda reconocida que Manuel Ruiz de Lopera se encontró al hacerse cargo del Real Betis Balompié ascendía, nada más y nada menos, que a 3.584.571.862 millones de pesetas y su distribución era la siguiente: Deuda pública, 1.792.285.931; Hacienda, 753.006.543; Seguridad Social, 107.143.914; Banco de Crédito Hipotecario, 850.953.899, y Consejo Superior de Deportes, 81.181.575. En total 3.584.571.862 millones de pesetas. Una deuda que devengaba diariamente en concepto de intereses 1.520.000 pesetas.

No deseo finalizar la redacción de estas líneas sin referirme a determinados aspectos que guardan relación con la amplia historia hasta aquí relatada. El primero el que, independientemente de lo que opinen infinidad de béticos en la actualidad y el elevado nivel de popularidad que Manuel Ruiz de Lopera se ha ido dejando en el camino, que la historia no puede adulterarse ni manipularse a gusto de nadie. A lo largo de nuestra existencia suceden una extraordinaria cantidad de hechos, de mayor o menor importancia, cuya visión es la propia de quien proceda a relatarlos. No sucede igual, en el caso que nos ocupa, ya que los hechos narrados hasta aquí son fáciles de comprobar repasando la numerosa prensa de la época.

FIN

 

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