Contigo Siempre Betis.es  
   
   

EL INFORME GALERA

(8)


 

 

EL 30 DE JUNIO DE 1992 SONARON CAMPANAS

DE GLORIA EN MI CORAZÓN

 

 © Manuel Carmona Rodríguez

Fotos: "EL CORREO DE ANDALUCÍA"

.El tiempo pasaba y nadie aparecía con una buena cantidad de dinero para, en combinación con otros béticos pudientes, que los había en  número suficiente, solucionar la situación. Existía, eso sí, la promesa de Lopera de quedarse con el 25 por ciento de las acciones sobrantes, pero junto a éste no se alineó nadie. Algunos hoy se explayan y atacan a Lopera, pero no estuvieron en el momento apropiado ni en la hora oportuna en el lugar preciso. Pero no por nada especial, sino por padecer “cocodrilitis”. ¿Saben ustedes lo que es eso? ¿No? Pues yo se lo explico. Consiste, sencillamente, en los “cocodrilitos” que se guarecían en los bolsillos de los mal llamados “notables” que suelen morder la mano que intenta sacar dinero para invertirlo en lo que no se tiene ni fe ni confianza. Que fue lo que demostraron Hugo Galera y los que hoy se desgañitan atacando a Lopera en este asunto.

 En ese crítico momento es cuando se debía haber actuado con convicción y entrega. Pero los que se esperaban no aparecieron, por lo que en aquellos momentos nadie daba un duro por el desgraciado Betis. Se presentó sí, Galera, con un tardío e inviable plan, pues no se sabe cómo llegó a creer en ningún momento que algo como lo que trataba de llevar a la práctica pudiera tener la mínima posibilidad de fructificar. Pretendía, a toda costa, impedir que un accionista mayoritario rigiera los destinos del club, pero tal como venían desarrollándose los acontecimientos algo así era completamente imposible como en el momento crucial se comprobaría.

¿Pero, en qué consistía el tan cacareado plan de Galera destinado a salvar la desesperada situación por la que atravesaba el infortunado Betis en el último día de plazo para que los clubes que aspiraban a  convertirse en Sociedades Anónimas Deportivas lograran su propósito ? Observen ustedes su disposición y consideren si el mismo, presentado tan tardíamente, contaba con algunas posibilidades de éxito. El plan pretendía reunir los 1.175 millones necesarios de la forma siguiente: con algo más de los 300 millones que supuso la venta de las acciones entre el beticismo; con la aceptación de PROINSUR de convertir en acciones los 333 millones de pesetas que debía recibir del Betis, con lo que un sevillista tendría en su poder más de la cuarta parte del capital social del club y contaría con su representante en el consejo de administración; con la misma oferta a las Cajas de Ahorro para que convirtieran en acciones los 300 millones del préstamo concedido al Betis para su ingreso en el Plan de Saneamiento, que también contarían con su lugar en el consejo, y con la aportación de los “notables” de la cantidad restante. Al mismo tiempo Galera exigía a Proinsur y a las Cajas, que estaban obligados a vender las acciones que recibirían llegado el momento entre el beticismo.


No son el "Duo Dinámico", pero lo parecen , y, por supuesto, Galera no está
cantando, porque el panorama estaba para cualquier cosa menos para eso

Sin embargo, como era de esperar, todo se le vino abajo con estrépito al desesperado Galera, cuyo tardío e improbable plan estaba de antemano condenado al fracaso como así terminó ocurriendo. En el mismo momento en que PROINSUR se echó atrás al no aceptar el pagaré ofrecido por el Real Betis y las entidades bancarias, que tan poco estaban interesadas en el ofrecimiento, se encontraban “missing”, se hacía trizas el tardío e irrisorio proyecto de Galera que, como era de esperar, obtuvo el más rotundo y sonoro de los fracasos. Y téngase presente que, según se dijo, los responsables de las entidades bancarias tuvieron algunas llamadas de políticos de fuste para sugerirles que participaran en el plan. No obstante, en aquel momento era obligado preguntarse: ¿Hasta entonces no había podido el catedrático tinerfeño preparar un plan más fiable y con un mayor plazo de tiempo para llevarlo a la práctica? 

EL PÉNDULO DEL RELOJ NO SE INMOVILIZÓ COMO ERA EL DESEO DE BETICISMO
Mientras tanto, el tiempo pasaba cada vez más rápido y avanzaba con ritmo inexorable. Los minutos parecían segundos, al par que los rostros serios, tensos y preocupados de los directivos eran propios de un funeral, aunque el cadáver fuese el producto de una muerte anunciada. Galera y sus directivos habían sido incapaces de solventar la dramática situación y sufrían la intemerata. Allí, el único que conservaba la serenidad y daba muestras de no padecer como los demás era un Manuel Ruiz de Lopera cuya actitud no parecía descartar que el “milagro” se produjese. En aquellos instantes, él era el que ni se lamentaba ni soltaba prenda de lo que bullía en su cerebro donde reposaba el plan que tenía trazado y que no tardaría mucho, únicamente algunas horas, en aflorar. Al mismo tiempo, sus compañeros habían perdido la esperanza de que el Betis se salvara y el presidente, Galera, demostraba estar más hundido que nadie tras el contundente fracaso obtenido por su inútil plan. A veces, el silencio se apoderaba de la estancia y daba la impresión de que el tiempo se había detenido. Pero se trataba de una falsa sensación, pues las manecillas del reloj proseguían su incesante avance. Las diez…, las diez y media…, las once…, las once y media…, las doce…

Fuera de allí, en la ciudad, en incontables lugares de la provincia de Sevilla, en Andalucía, en España y en diversas partes del mundo se esperaba con avidez e impaciencia la noticia de que todo se había resuelto favorablemente y sobre la cabeza del Betis, tras 85 años de historia, había dejado de pender la espada de Damocles de la desaparición. Pero nada de ello ocurría y el tiempo continuaba transcurriendo con su ritmo metódico, seguro e inexorable. La hora del cierre de los bancos se acercaba y cada vez en mayor medida, todos los directivos se mostraban convencidos que el fatal desenlace que se cernía sobre el club terminaría produciéndose. Hay ignorantes que dicen, ¿pero es que los bancos no abrían por la tarde? ¿Cuándo han abierto los bancos por la tarde en la época moderna, pedazo de zopencos? Un buen rato antes, Manuel Ruiz de Lopera se había ausentado del lugar sin comunicar a nadie el propósito de su marcha. Algunos, al notar que abandonaba la estancia, llegaron a pensar que había arrojado la toalla y se retiraba a su domicilio para vivir en la intimidad los duros momentos que se aproximaban.


Hugo Galera siguió facilitando al beticismo peores noticias cada día, por
lo que la afición se hizo a la idea de que el cataclismo era irremediable

LA INEXPLICABLE AUSENCIA DE MANUEL RUIZ DE LOPERA
Pero, ¿dónde se había metido el vicepresidente primero, Manuel Ruiz de Lopera, que nadie sabía qué es lo que estaba haciendo? Según José Gómez Muñoz, editor y propietario de la revista "MUNDO BÉTICO", que en la actualidad no mantiene buenas relaciones con Ruiz de Lopera, o para ser más exactos no mentiene ninguna y es uno de los más críticos desde que su revista dejó de ser la oficial del club, todo ocurrió de la forma siguiente:

La reunión se celebró en el despacho que el directivo José Carlos Campos Camacho, médico de El Corte Inglés, tenía en ese centro comercial. Y recuerdo que un rato antes de que se cumpliera el plazo, Manuel Ruiz de Lopera se ausentó del lugar sin decir nada de lo que tenía pensado hacer. Tanto es así que todos los que se encontraban en el despacho se quedaron muy preocupados pensando que, harto de lo que ocurría, podía haber arrojado la toalla y optado por marcharse.

En esos momentos se recibió una llamada de José Antonio Gómez Navarro, director del Consejo Superior de Deportes, quien comunicó a Hugo Galera que había mantenido unos contactos con la Caja San Fernando y El Monte y existía la posibilidad de que ambas entidades concedieran un crédito al club. Claro que eso era pan para hoy y hambre para mañana, pues, consistía en endeudarse mucho más de lo que el Betis ya lo estaba y aumentar la carga de unos intereses bestiales. ¿Resultado? Que se oscurecería aún más el futuro de nuestro infortunado club.

Faltando cinco minutos para las tres de la tarde, hora en que cerraban los bancos, regresó Manuel Ruiz de Lopera y preguntó a los que se encontraban en el despacho qué había ocurrido en su ausencia. Le informaron que nada importante, salvo el ofrecimiento de Gómez Navarro que le explicaron a continuación. En ese momento, nuestro actual presidente depositó sobre la mesa el comprobante bancario de haber avalado la cantidad faltante hasta completar los 1.175 millones. Todos respiraron aliviados, incluidos, como es lógico, los que nos encontrábamos fuera, junto a la puerta del despacho donde se había cocido el futuro del Betis. Acto seguido, Manuel Ruiz de Lopera telefoneó a Gómez Navarro y le comunicó que el Betis no necesitaba créditos de nadie y que ya estaba todo resuelto.

Durante el tiempo que estuvo en paradero desconocido, como se ha dicho, se recibió una llamada telefónica de Javier Gómez Navarro, director del Consejo Superior de Deportes, quien comunicó a los reunidos que existía cierta posibilidad de que ambas entidades concedieran un crédito al club a fin de que eludiera “in extremis” el peligro de la desaparición. Algunos de los presentes, al conocer el contenido de la llamada, no pudieron evitar que una sonrisa de incredulidad y escepticismo se dibujara en sus labios. Con toda lógica pensarían en la truculenta historia vivida en la concesión del préstamo de 300 millones que permitió al club entrar en el Plan de Saneamiento. Si en aquella ocasión, la cuantía del crédito ascendía a 300 millones y sucedieron tantas incidencias hasta su aprobación, ¿cómo iban las mismas entidades bancarias a conceder en un plis plas un préstamo de casi 800 millones de pesetas?

Es más, si llegara a ocurrir una solución de ese tipo supondría un nuevo descalabro para el club, pues significaría endeudarse muchísimo más careciendo de recursos para cumplir con los plazos establecidos para atender tan elevado crédito. Los intereses serían bestiales y la losa económica que soportaba el club terminaría aplastándolo sin remedio. ¿Resultado? Que el enfermo se moría y ya sólo se necesitaba esperar el momento fatídico de amortajarlo y proceder a su entierro. Y tan sólo lo salvó el “hombre del cheque” no los lamentos de Galera y sus directivos. Porque, dígase lo que se diga, allí no hacían falta lamentos, sino los millones de pesetas que ya sabemos quién fue el que los puso.

Continuará 

Volver al Índice del Informe Galera

Volver a la página de entrada