(Por televisión)
Comentario: El partido era de los denominados de coco y huevo. Vamos, que se las traía. De esos en los que ambos rivales han de atarse los machos con fuerza para intentar decantar el resultado a su favor; o, como mal menor, obtener un pírrico empate, siempre menos descorazonador que una nueva derrota, según las circunstancias en la que se desenvuelven cada cual. Empatar es poco, pero, según los conformistas, menos nada. De todos modos, no conviene acostumbrarse a festejar los empates como si fueran victorias, pues cuando uno se fija en la tabla clasificatoria comprobará lo retrasado que se encuentra el equipo.
Los aficionados béticos están preocupados. Mel, no digamos. Los dirigentes acongojados por lo que al equipo se le podía venir el mundo encima de no ganar en El Madrigal, como final y, desgraciadamente, terminó ocurriendo. Por consiguiente, no presenciar la recuperación que el beticismo desea ver comenzar a su equipo antes de que las aguas se bajen más turbias de lo que ya están, aumenta la desazón y la tristeza que los béticos sienten. Sensaciones que se acusan más profundamente cuando se escucha declarar a Gordillo desde el flamante puesto burocrático que le han proporcionado para que siga cobrando que “en el Betis fichamos todos”, sin que se le caiga la cara de vergüenza.
En las declaraciones hechas a lo largo de la semana, el técnico y los jugadores béticos se repitieron en el sentido de que viajaban a Villarreal decididos a ganar, que es lo que necesitaba el equipo para despegar de nuevo y lo que desea fervietemente una afición, que, lo que es verdad, no las tiene todas consigo. El comienzo del encuentro dejó ver a las claras que ambos equipos salían dispuestos de buscar con decisión el triunfo. Pero en contra tenían que, pese a intentar llegar a la puerta rival, lo consiguieron pocas veces, pues las defensas echaron el portillo y cerraron bien todos los huecos.
Tuvo que ser en un pase erróneo de un jugador bético cerca de su área en el minuto 20 cuando el equipo se encontraba volcado en ataque, que facilitó un contragolpe amarillo que cogió a la defensa bética desguarnecida y, por medio de una modélica jugada de contragolpe, permitió a un adelantado Borja Valero, picar con suma habilidad el balón por encima de Casto en su salida.
Mas de lo mismo
El primer tiempo fue un calco de los anteriores encuentros disputados por el Betis. El equipo de Mel llevó el peso del encuentro, dominó más (tras el tanto encajado totalmente), jugó mejor, pero careció de profundidad y tan sólo en una clara oportunidad, pudo marcar. Fue en un preciso pase de Pozuelo a Rubén Castro, un par de minutos después del tanto villarrealense, que el canario remató raso y cruzado respondiendo Diego López con una gran intervención cuando todo parecía que se produciría el empate. En resumidas cuentas, mejor juego, más posesión de balón y claro dominio bético, sobre todo tras encajar el tanto, pero falta de penetración y remate. Eso fue lo que, una vez más, privó a los béticos de haberse adelantado en el marcador al final del primer tiempo.
El segundo período se inició del mismo modo que finalizó el primero. Tomando el Betis la iniciativa desde que el balón se puso en juego y adoptando el cuadro local un posición retrasada, para marcar con fijeza a los verdiblancos e intentar la más mínima oportunidad de contragolpe que se le presentara. Hubo momentos en que los defensas béticos estaban en campo amarillo, limitándose los pupilos de Garrido a defenderse con la seguridad que lo hicieron desde el inicio del encuentro, para aprovechar cualquier posibilidad de contragolpe o indecisión de los béticos para sentenciar el resultado ante la poco peligrosidad que mostraban los béticos. Así pudo ocurrir nuevamente en el minuto 12. Un dato que se nos antoja muy preocupante, ya que en el fútbol no gana quien mejor juega como hoy el Betis, sino el que perforara la puerta rival que fue el Villarreal. ¡Lamentable, pero cierto!

Intentos estériles de los puntas béticos para superar a la compacta y
firme defensa villarrealense
En el minuto 52, Casto tuvo que salir hasta la línea media de su campo para cortar una penetración de De Guzmán, al que le arrebató el balón con el pie a modo de defensa libra. Intentando dar más profundidad y rapidez al equipo, Pepe Mel, en los doce primeros minutos de este período, sustituyó a Iriney por Matilla y a Beñat por Jeffersson Montero. Sin embargo, ambos cambios no dejaron traslucir ninguna acusada mejoría en ese aspecto. A pesar de su dominio, los béticos seguían sin llegar con peligro a los dominios de Diego López, por lo que más cerca se veía un posible 2 a 0, como producto de los contragolpes locales, que el empate a causa del nulo juego de ataque bético.
Impotencia y desánimo
Situación que repetimos es francamente preocupante, pues con esa improductividad atacante pocos partidos puede ganar el Betis. Y el equipo no está para lances de esa clase. A partir del minuto 20, los verdiblancos se fueron desanimando, desaparecieron en ataque y el Villarreal tomó el mando del partido por algunos minutos, yéndose adelante y creando ocasiones de peligro. En una de ellas, en el minuto 72, Bruno "fusiló" a Casto que realizó una impresionante parada, evitando que la contienda quedara sentenciada.
De esta guisa, el tiempo fue transcurriendo al par que se reducían las posibilidades de los béticos al menos de empatar, ya que en los últimos veinte minutos, los de Mel sólo en un tiro de Molina por bajo que, en exceso cruzado, se perdió junto al poste derecho del portal de Diego López, y en un disparo bombeado desde medio campo de Jefferson Montero, con Diego López adelantado, que reaccionó a tiempo y blocó el balón antes de que pudiera colarse en su puerta.
En medio de un juego igualado, el Betis no dejó de intentar llegar al marco local, pero sin acercarse ni crear ocasiones de peligro, lo que fue minando la moral, el ánimo y la entereza de sus integrantes, que atacaban sin convicción de poder mejorar el resultado evidenciaron su total impotencia en el juego de ataque. Por ello, no fueron capaces de modificar el 1 a 0 que reflejaba el marcador desde que, en el minuto 20, Borja Valero marcara el único gol con finalizó el choque.
Suficiente, por supuesto, para que el equipo de Juan Carlos Garrido cosechara los tres puntos y superase a su rival de esta tarde en la clasificación. En definitiva, un panorama desconsolador el que se enseñorea del entorno bético tras ocho partidos consumidos con el paupérrimo bagaje de siete derrotas y un empate, lo que es lo mismo un punto de veinticuatro. Como apostilla final poco nos queda que decir, a no ser que si esto no se arregla con la necesaria rapidez: ¡Que Dios nos coja confesados!
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