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El miércoles se cumplen 75 años de la gran gesta verdiblanca




EL 28 DE ABRIL DE 1935, EL BETIS

OBTUVO EL TÍTULO DE CAMPEÓN

DE LIGA DE PRIMERA DIVISIÓN

Relato de la segunda hazaña realizada por un equipo andaluz en la larga historia
del fútbol español

La primera, lograda también por el Betis Balompié, fue la de ascender a la División
de Honor tres temporadas antes

 


© Manuel Carmona Rodríguez

El día 28 de abril de 1935, domingo de Feria de hace 75 años, el Betis Balompié se proclamó campeón de Liga de Primera División, conquistando el título deportivo más importante de su historia. Mucho más que la clasificación para la Champion y la segunda Copa del Rey de las cosechadas hasta hoy. Aunque hubo quienes declararon que esa fue la campaña más importante de la historia del Real Betis Balompié, la realidad fue que el título de Liga de Primera División conquistado en la temporada 1934-35, ha sido el de mayor valor futbolístico conseguido en sus 103 años de historia. El dato es fácil de comprender si se tiene en cuenta que clasificarse para la Champions y proclamarse campeón de Copa, puede estar al alcance de un buen equipo que realice una destacada campaña, pero obtener un campeonato de Liga es algo muy serio, porque para ello, aparte de contar con un plantel de tremenda calidad, el hecho tiene que coincidir con un descenso de rendimiento muy ostensible de los dos equipos más poderosos de España con diferencia como son el Real Madrid y el FC Barcelona.

En un principio nadie se atrevió a vaticinar un éxito semejante para un equipo como el Betis Balompié que llevaba tan sólo dos temporadas militando en Primera División. Es más, algún cronista de la Villa y Corte, vista su pobre actuación en el Campeonato Mancomunado, en su análisis previo al campeonato de Liga, llegó a pronosticar que sería uno de los descendidos a Segunda División de aquella temporada. Pero lo cierto fue que ocurrió todo lo contrario. La directiva que presidía desde la temporada anterior, el prestigioso abogado hispalense, natural de Osuna, Antonio Moreno Sevillano, arriesgando bastante en lo económico logró completar un equipo, en su gran mayoría formado por jugadores vascos, que realizó un sorprendente y fenomenal campeonato de Liga. Los preámbulos de la temporada 1934-35, estuvieron presididos por la tragedia a causa de la muerte en los ruedos de Ignacio Sánchez Mejías, el que con anterioridad fuera presidente efectivo y honorario del club.

En la parcela deportiva, Patricio O´Connell afrontaba su tercera temporada al frente del equipo, mientras que se incorporaron jugadores que consolidarían el excelente conjunto que en la temporada anterior, su segunda en la máxima categoría del fútbol español, se había reunido a reunir. Principalmente con la incorporación de Urquiaga y Lecue, éste director del gran juego que practicaba el equipo. Renovó Timimi con los problemas de siempre, se reforzó la medular con la aportación de Gómez, llegó Rancel y, con ambos, algunos otros futbolistas de menor repercusión. Por contra, quedó en libertad Manolín, se traspasó a un magnífico medio centro como Soladrero y el prometedor lateral derecho alcalareño Joaquín fichó por el eterno rival, porque con Areso en el equipo le resultaba prácticamente imposible hacerse con un puesto de titular. Algo similar ocurrió con el también zaguero diestro vasco Arqueta, aunque éste, aparte de que no se resignaba a representar un papel de suplente, exigió a la directiva el cobro de determinada cantidad por renovar. La directiva le advirtió que si no regresaba sería declarado en rebeldía por lo que se quedaría dos temporadas sin jugar, ya que no estaba dispuesta, como así ocurrió, a pagarle cantidad alguna.

Dos jugadores que iban a causar baja en el club eran Jesús y Enrique, a los que al final de la temporada se les ofreció su partido homenaje. Sin embargo, sólo se marcharía Enrique, pues, a última hora, Jesús debió de continuar para sustituir al lesionado Urquiaga que se vio impedido de alinearse en la primera jornada del Campeonato Mancomunado. En esta temporada, en la que la Primera División vio aumentado su número de equipos de diez a doce, ya se alineaban jugadores extranjeros en los clubes españoles. De ellos, eran muestra el húngaro Berkessy, del Barcelona; el uruguayo Fernández y el costarricense Morera, del Athletic de Madrid; los húngaros Alberty y Kellemen, del Madrid FC, y los británicos Green y O’Donnell, que defendían los colores blanquiazules del Español.   


Antonio Moreno Sevillano, prestigioso abogado, y Patrick O’Connell, un irlandés que triunfó como técnico
en España, formaron el binomio que llevó al Betis Balompié a la cima del fútbol hispano en la temporada
1934-35 en la que se proclamó, con absoluto merecimiento, campeón de Liga de Primera División.


Fue también esta temporada la del debut de los tres primeros internacionales béticos (Lecue, Areso y Aedo) y la de la sonora pitada que recibió el eterno rival en el Patronato. Pero no una pitada de silbidos sino de silbatos, adminículo del que acudieron provistos la mayoría de los miles de hinchas béticos que asistieron al segundo derbi de la temporada. Por cierto que el cronista de “La Unión”, Tello Beltrán, el que fuera futbolista de escaso nivel y más conocido como árbitro —del que los béticos se quejaron en exceso durante las temporadas que estuvo en activo por su condición de sevillista— criticó ácidamente el comportamiento de los aficionados béticos. Porque hay que tener en cuenta que, por aquella época, desde algún tiempo antes, tan sólo el gran “Discóbolo” era el único periodista que defendía a nuestro club en la prensa sevillana.

Un Campeonato Mancomunado decepcionante

La temporada no comenzó de forma muy brillante ni prometedora para los verdiblancos que quedaron penúltimos en el Campeonato Mancomunado. Para aquellos lectores que no lo sepan dicho torneo abría las competiciones oficiales de la temporada y por él los equipos conseguían de forma directa su clasificación para la Copa de España. Cierto es que dicho campeonato que se disputaba, salvo alguna que otra excepción, entre equipos de dos federaciones distintas fue muy igualado y los béticos quedaron quintos a tres puntos del líder, que fue el Valencia. Pero perdieron sus dos encuentros con el eterno rival, segundo equipo de la ciudad, que debutaría aquella temporada en Primera División y su juego no satisfizo a sus aficionados que quedaron bastante preocupados por lo que pudiera ocurrir en el cercano campeonato de Liga.



Una ingente multitud de sevillanos acompañó a los restos de Ignacio Sánchez Mejías, el
gran torero que fue presidente del Real Betis Balompié, al cementerio de San Fernando.


En consecuencia, no extrañó en aquel momento que, como se apuntó líneas más arriba, un crítico madrileño situara al Betis Balompié entre los probables descendidos a Segunda División, aunque tras lo ocurrido en el torneo liguero el pobre cronista no se llenó de gloria precisamente. Pero a la hora de la verdad, sorprendiendo a propios y extraños, un Betis “vascongarizado” realizó un gran campeonato de Liga manteniéndose como líder de la clasificación desde la tercera a la última jornada. La prensa madrileña, catalana y bilbaína pronosticaban cada semana que el liderato de los verdiblancos era provisional, pero el equipo de O'Connell se encargaba de desmentirlo domingo tras domingo. Todos pensaban que llegaría el momento en que el conjunto verdiblanco se desfondaría y sería alcanzado por los dos grandes favoritos, Madrid FC y Athletic de Bilbao, éste vigente campeón de Liga y Copa. Pero los de O’Connell aguantaron como auténticos fenómenos y lograron mantener su privilegiada posición hasta el final.

Inauguraron la Liga ganando en Madrid, al Madrid FC, por 0-1 y trituraron al eterno rival en Nervión venciéndole por un demoledor 0-3. Pese a que la presión del público sevillista fue grande por las ganas de triunfo que albergaban sus partidarios y seguidores, los béticos realizaron un gran encuentro y lograron la primera victoria liguera entre ambos equipos por tres tantos de diferencia. Las esperanzas de los de Nervión para aspirar a la victoria se basaban en los dos triunfos conseguidos sobre el Betis en el Campeonato Mancomunado. Sin embargo, los verdiblancos se emplearon en aquel encuentro con codicia, energía y calidad y consiguieron ganar con absoluta autoridad.

Y así fueron pasando las jornadas y las continuadas premoniciones de la prensa madrileña, bilbaína y catalana sobre el provisional liderato del Betis, continuaron sin cumplirse domingo tras domingo. Desde la tercera jornada no hubo equipo capaz de desbancar a aquel sorprendente Betis Balompié del primer puesto de la clasificación. Con la seguridad propia de un equipo campeón, los de O’Connell alcanzaron el final de la primera vuelta con una sola derrota encajada. Habían conseguido cubrir con éxito medio campeonato a plena satisfacción, pero aún les quedaba un largo y complicado trecho para adjudicarse el tan ansiado título. Para ello, los verdiblancos estaban obligados a demostrar que, lo realizado en la primera vuelta de la competición no era fruto de la casualidad, y ratificar en la segunda la valía exhibida hasta entonces.

Un final de temporada de infarto

La segunda vuelta se abrió con un enfrentamiento apasionante: nada más y nada menos que con un Betis-Madrid, encuentro en el que se enfrentaban los dos primeros clasificados. La cita estaba fijada para el 17 de febrero de 1935 en el Patronato y no cabía duda alguna que, de ganar al Madrid, los béticos darían un gran paso en la consecución de su objetivo, ya que la diferencia entre ambos en la clasificación se elevaría a cinco puntos. Sin embargo, el conjunto madridista era un rival temible, ya que poseía jugadores de una clase extraordinaria; entre ellos, el inmemorial guardameta Zamora, el fenomenal lateral zurdo Quincoces y dos maestros del balón como Lazcano, aquel que temporadas antes intentó fichar Sánchez Mejías, y el irunés Luis Regueiro, considerado como el cerebro de aquel excepcional equipo. Si a ello se une lo dicho anteriormente de que el Athletic era el vigente campeón de Liga y Copa, es muy fácil calibrar el extraordinario mérito de la temporada que estaba cubriendo el equipo verdiblanco.

Era necesario, por consiguiente, ir a por todas en este partido para hacer historia y abrir brecha en la cabeza de la clasificación. La expectación ante el trascendental choque fue de las que hacen época. La reventa funcionó a tope y los pronósticos que se emitían desde Madrid, como no podía ser de otra forma, favorecían al cuadro blanco. El equipo bético, que ganó por un tanto a cero, no pudo abrir mejor la segunda vuelta, pues, tras su nueva victoria, se despegó del Madrid en cinco puntos y comenzó a dejar sentado que aquí no había más favorito que él. El gran triunfo bético obtuvo una enorme repercusión en la prensa sevillana que, al contrario de la madrileña, catalana y bilbaína, daba por descontado que el Betis era el más calificado aspirante para obtener el título.



Lecue, el cerebro del Betis campeón de Liga que en tan gloriosa temporada se convirtió en el primer internacional bético;
Urquiaga, el meta menos batido de Primera División superando incluso al gran Ricardo Zamora, y Unamuno, el máximo
goleador del equipo, fueron tres pilares básicos de aquel gran Betis Balompié campeón de Liga de la temporada 1934-35.


La segunda vuelta del campeonato liguero, que fue encarnizadamente disputada por béticos y madridistas, se complicó para los verdiblancos de manera inesperada en el penúltimo partido del campeonato en el que tuvieron como oponente al eterno rival. El Madrid, que había ido recortando poco a poco la notable ventaja que adquirieron los verdiblancos tras el enfrentamiento entre ambos en el inicio de la segunda vuelta, logró llegar a la penúltima jornada a sólo un punto de distancia de los béticos. Dicha circunstancia convertía el segundo derbi de la temporada en un encuentro crucial para los verdiblancos en su afán de adjudicarse el título más importante del fútbol español. Para ello, ganando al eterno rival, dejarían sentenciado el pleito si los madridistas no hacían lo propio en Las Corts ante el FC Barcelona que, dicho sea de paso, no estaba realizando una buena temporada.

 

 


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